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¡Qué gran partido!

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Cuán grato disfrutar un partido de fútbol disputado con armonía, valor, presión, inteligencia y deseo de triunfo.

¿Por qué no hacer un alto en el camino y compartir con los lectores de El Espectador mi experiencia como televidente de un buen partido de fútbol? A ello dedicaré mi columna de hoy. Veamos.

Después de una semana intensa de trabajo intelectual, esperaba distensionarme el sábado, viendo con el juego de James y Mina en Inglaterra, contribuir a realizar la estrategia trazada por su consagrado entrenador Ancelotti, y así fue. La expectativa era muy grande por los antecedentes: hacía 10 años que el Everton no le ganaba al Liverpool. A las 6:30, hora de Colombia, se inicia el clásico de la amistad, jugando de poder a poder. Son notables las estrategias de cada equipo; quieren triunfar; quieren hacer historia.

Arranca el partido y en los primeros 2′16′' se plasma el dominio del Liverpool, que se concreta con su primer gol; preocupa la situación. Mas a los 18′, llega el córner. James cobra impecablemente y se produce el gol del empate por Keane; distensión. Termina el primer tiempo 1-1, y se inicia el segundo. A los 71′, gol de Salah. 2-1. Coraje; sentido de pertenencia a sus banderas e historias de glorias, triunfos y derrotas. Estado físico envidiable; tensión al máximo, sentido del pundonor, vocación de triunfo, y a los 80: gran empate del Everton, gol de Calvert-Lewin.

Vuelve la esperanza y continúa la competencia ardiente y leal. Quedan 10 minutos de gran fútbol: rápido, preciso, estimulante, es un clásico; final electrizante. Minuto 88: tarjeta roja para un gran jugador del Everton, Richarlison. Quedan 2 minutos, más el descuento; qué peligro para el resultado final. Son 5 minutos de adición. Temple. 91′49′' gol de Hendersen del Liverpool; 93′30′', se anula el gol; el VAR resolvió. ¡Qué Derby! 95 minutos de buen fútbol y el Everton, con James y Mina, sigue de primero en el campeonato inglés. Bello e intenso espectáculo. Por partidos como este, es que el fútbol es el deporte más popular del mundo.

Tomemos distancia: para los entrenadores, dirigentes, y futbolistas consagrados, una primera conclusión es utilizar el material de este evento para realizar talleres sobre el fútbol de calidad de nuestros días. Un partido como el que hemos disfrutado, no es fruto del azar; es el resultado de dos equipos muy bien dirigidos, que tienen vocación de triunfo.

Cuánto atraso de nuestros equipos, cuántos errores y corruptelas de los dirigentes futbolísticos. Cuánto por aprender y renovar para producir partidos competitivos y estimulantes como el del sábado pasado. Sí, hay que reestructurar nuestro fútbol y con la actual selección tenemos una prueba empírica de la magnífica calidad humana y capacidad futbolística que poseen los colombianos para divertirse con este deporte, que seguirá congregando multitudes a lo largo del mundo. La tarea es larga y vale la pena. Nuestra actual selección es centro de admiración de quienes tenemos respeto por los colores colombianos. Esperamos que sigan triunfando, bien organizados y contando con la ética de sus dirigentes.

roasuarez@yahoo.com

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