Por: Luis Carvajal Basto

¿Qué hacemos con el Congreso?

Este Congreso está “colgado” de la popularidad del Presidente, del mismo modo que se eligieron muchas curules que hoy hacen parte de la coalición. No ha sido revocado, a pesar de la condena pública, por cuanto ha tenido el respaldo de Uribe. ¿Hasta cuando durará?

Cada vez que se señala a congresistas de conseguir sus curules a partir de una asociación con grupos ilegales y recordamos el numero de sus miembros detenidos, la opinión pública se pregunta como es que aún subsiste y opera y exige su disolución. Tan pronto ocurre esto, el Presidente sale a defenderlo con un argumento hasta ahora irrebatible: la defensa de la institucionalidad.

No le falta razón al Presidente. Esta institucionalidad no es la que soñamos pero es la que tenemos. Y es la que sostiene nuestros niveles de crecimiento, las utilidades de las empresas, los empleos, las inversiones y la confianza que hace posible los actuales niveles de convivencia. Sin duda, estamos mas lejos del caos que hace unos pocos años, cuando se repetía que Colombia era un país “no viable”.

Así que el Congreso, como otras instituciones, ha sido afectado por la corrupción y la violencia del narcotráfico. Hemos tenido deportistas, músicos, empresarios y hasta sacerdotes a quienes han llegado los narcos y su poder corruptor. Aquí no hay sorpresas, pero el asunto es que en el Congreso se producen las Leyes, las reglas del juego con que todos jugamos.

La buena política no es la que se sueña sino la que se impone en el mundo real. Y en ese mundo, los intereses son actores pero también son reglas para quienes la conveniencia o no de una propuesta, como la de disolver el Congreso y la forma de hacerlo, tiene que ver con el momento político que se vive. La semana que pasó se ha escuchado de todo, hasta una proposición que incluye autodisolución y referendo, la cual no va a ser posible en la realidad.

La reforma política que actualmente hace trámite es necesaria pero no suficiente. Digamos que es “formalmente” conveniente, pero no va a solucionar problemas como la vinculación de las mafias regionales, armadas o no, en las elecciones del Congreso. Por las mismas razones que el modelo de descentralización que tenemos ha sido “bocado de cardenal” para esas mafias que han tenido a disposición muchos presupuestos regionales.

¿Hasta cuando va a respaldar Uribe a este Congreso? Creo que hasta que el país y su propio interés se lo permitan. Una encuesta de la semana anterior señala que más del 70% de los colombianos descalifica al Congreso. Y aquí viene el tema de los tiempos y el momento:¿ Va a estar interesado el Presidente en su segunda reelección? Por que si es así, el retiro de ese respaldo es cuestión de tiempo.

El maestro Jaime Castro, quien sabe y tiene autoridad jurídica para aconsejar, ha dicho a los promotores de la reelección que conviene mas otro “articulito” que la recolección de firmas y el referendo. Creo que el respaldo del Presidente a este Congreso va a depender del camino que se escoja, aunque no tengo dudas, y no es cuestión de gustos, que unas nuevas elecciones de Congreso van a ratificar las mayorías de Uribe y de quienes se sitúen a su lado, independientemente de las condiciones y circunstancias de la elección.

En síntesis no creo que el Congreso se vaya a autocensurar .Lo mas probable es que se sigan aprobando reformas políticas inútiles. Como la vergüenza no es afín con la política, tampoco van a renunciar. Pero si se trata de empezar a ponerle remedio a las cosas, habría que empezar por prohibir que los actuales miembros del Congreso, y no solo los de la” bancada de la picota”, puedan volver a sentarse en sus curules. Jamás.

 

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