Por: Hernán Peláez Restrepo

¿Qué hacer?

Había que ganar y se ganó. Por supuesto con escaso margen, como si fuera una costumbre en la historia más reciente de la selección de Colombia de mayores.

Nunca grandes goleadas sino marcadores apretados, así se sepa que la diferencia de goles resultará determinante para avanzar a siguiente fase.

Viendo la primera fecha de este grupo, resulta sorprendente observar cómo la cantidad de goleadores de los equipos, Tévez, Lavezzi, Falcao, Teófilo y Rodallega dependen de algún compañero que los “haga” jugar. Siempre están a la espera de un buen centro, de un pase gol o de la invitación a formar una pequeña sociedad en el área, su zona natural de trabajo.

El problema lo veo de forma sencilla. Hemos querido convertir jugadores de un día para otro en hombres con pausa, pase gol, talento al servicio de otros. No resulta fácil de la noche a la mañana esa metamorfosis. Por más que queramos, ni Dayro Moreno ni Adrián Ramos pueden entender y aplicar ese esquema propuesto. Casi siempre serán traicionados por su espíritu de delanteros, lo cual significa poner velocidad, cuando no es necesaria, a sus movimientos o ignorar a los jugadores en punta e intentar resolver por su cuenta ante el arco contrario.

Con la desaparición forzada del llamado número diez nos hemos quedado en un limbo, así se diga que la palabra desapareció con el cuento de la doble línea de cuatro; los llamados volantes de primera línea y los de mixta se olvidaron de generar juego para los de adelante. Por eso, por ejemplo ante Argentina, Colombia seguramente recordará el esquema usado delante de España, en Madrid. Muy fuertes en defensa, bien agrupados y ordenados y a la espera de una jugada aislada en ataque. Total, partimos de una premisa, Argentina debe salir a buscar el partido arriba y nos atacará desde el comienzo.

Por eso, el problema no radica en variar el grupo de delanteros. La clave está en cómo ubicar un jugador, con espíritu de arquitecto de juego, capaz de entregar la pelota al sitio exacto para que el goleador llegue a donde debe llegar. Por ahora, a continuar trabajando, mentalmente a Dayro y Ramos para conseguir de ellos el provecho en favor de terceros. Si no es así, a buscar con lámpara un jugador capaz de lograrlo. Y ése  no parece haber ido en la delegación.

 

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