Por: Mario Fernando Prado
Sirirí

¿Qué hacer con la tierra?

Mientras que las comunidades indígenas insisten en reclamar a la brava tierras que no les pertenecen y han ido acumulando miles de hectáreas para rendirle un absurdo tributo a la ociosidad, convirtiendo en rastrojos sembradíos productivos y practicando y promoviendo la pereza agrícola esperando que el Estado les dé más y más auxilios y subsidios, nuevas oportunidades están surgiendo para las agroexportaciones.

Es el caso —por ejemplo— del aguacate hass, que ya comenzó a despacharse a lugares tan remotos como Dubái en donde es apetecido por quienes pagan con oro un producto tan exótico para ellos y tan común y corriente para nosotros.

En los departamentos del Valle y Cauca, por ejemplo, hay listas más de 25.000 hectáreas para el cultivo de frutas que podrían generar más de un billón de dólares anuales, que tienen un mercado internacional “pulpito” y que le darían un vuelco importantísimo a la rentabilidad de la tierra y al fenómeno del monocultivo.

De ahí la presencia cada vez más creciente de empresas chilenas, peruanas y mexicanas que se están ubicando en nuestro país, con innovadoras tecnologías y un extenso conocimiento de los gustos y preferencias de los consumidores de remotas regiones ansiosos de nuevos sabores y texturas que resultan además saludables y de originales presentaciones.

Muy importante, además, es la generación de empleo porque por cada hectárea se necesita una persona como mínimo, lo que dinamizaría nuestros campos beneficiando a un campesinado que urge de un trabajo digno, honesto y permanente.

A lo anterior hay que agregarle que esta actividad crea una dinámica complementaria porque, adicional a mover el campo, requiere del sector maderero para las estibas, el cartonero con las cajas, el transporte terrestre y el marítimo, etc.

Todo esto será posible si hay confianza y seguridad para los inversionistas. De lo contrario, seguiremos matándonos por la tenencia y la titularidad de nuestras tierras en otra guerra más de esta patria boba en que vivimos.

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