Por: Daniel Mera Villamizar

¿Qué hacer con las curules afro?

HECHOS Y PROBLEMAS PRÁCTICOS observados en los recientes comicios fortalecieron el consenso sobre la necesidad de reformar la circunscripción especial que otorga dos curules a las comunidades negras en la Cámara.

Para acotar la ficción de la población afrocolombiana como un grupo étnico, se propone asignar tales escaños a candidatos y electores habitantes de territorios colectivos.

El 14 de marzo los colombianos encontraron que la mitad del tamaño de los tarjetones para Cámara correspondía a numerosas casillas de listas afros, que duplicaban el paisaje desorientador para votar. En 2014, por costos y cierta consideración con el elector, no debería repetirse el paisaje. Una curul la ganó un pupilo sucreño de la empresaria conocida como ‘La Gata’. E igual de sorprendente es que el Ministerio del Interior haya reconocido como organización afro al Movimiento Popular Unido (MPU), lo que le permitió al ex senador Juan Carlos Martínez promover a uno de sus hombres. Sencillamente, hizo crisis un diseño fruto de la condescendencia y la confusión. Añádase que en los comicios locales los “partidos étnicos” hacen feria de avales.

La Constitución de 1991 fue clara. El artículo T55 ordenó una ley para reconocer a “las comunidades negras que han venido ocupando tierras baldías en las zonas rurales ribereñas de los ríos de la Cuenca del Pacífico, de acuerdo con sus prácticas tradicionales de producción, el derecho a la propiedad colectiva”. ¿Cómo pasamos de unas comunidades específicas a hablar de todo el país? Por la rendija de un parágrafo que extendió su aplicación “a otras zonas que presenten similares condiciones”, y por la visión de la comisión consultada para expedir la Ley 70 de 1993.

Llevaban 180 años largos los negros, mulatos y morenos luchando por ser iguales, y de pronto los quisieron volver “diferentes”, un “grupo étnico”. Los ciudadanos negros o afros, sin embargo, siguieron votando casi sin criterio étnico-racial, pues el “voto étnico” es extraño a la cultura política colombiana. Lo que no invalida la observación de Carlos Lleras sobre Diego Luis Córdoba: que manejaba con habilidad el tema racial. Una habilidad que se perdió.

En cada Congreso suele haber alrededor de 10 parlamentarios negros, desde antes de 1991. La cuestión es cómo aumentar la representación simbólica de la población afro en el Congreso, integrando a los partidos nacionales las energías políticas expresadas en la circunscripción especial.

1) Que las dos curules étnicas sean votadas por los ciudadanos de las más de 300 comunidades negras con títulos colectivos de tierras en Chocó, Cauca, Nariño, Antioquia, Risaralda y Valle del Cauca, de entre candidatos residentes postulados por un tercio de los consejos comunitarios. Son alrededor del 10% de los afrocolombianos.

2) Para no frustrar a los aspirantes citadinos afros a congresistas, dar incentivos de financiación adicional a los partidos más sensibles a la diversidad en sus listas, puede ayudarles en la competencia, lo mismo que a las mujeres. Es hora de repensar el tema, sin condescendencia.

*Directivo de la Fundación Color de Colombia.

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