Por: Álvaro Camacho Guizado

¿Qué hacer con Uribe?

ESTA PREGUNTA SE LA DEBEN ESTAR haciendo algunos ministros. Por ejemplo, Valencia Cossio, quien manifestó que “el Gobierno” no apoyaría el referendo del agua porque  lo consideraba inconveniente. Y pocos días después el Presidente informó que “el Gobierno” sí lo apoyaría.

Y se la debe hacer el Ministro de Minas, quien también se oponía a la rebaja de los precios de la gasolina. “El Gobierno” también consideraba inconveniente esta iniciativa. Y no se había enfriado la noticia cuando el primer mandatario afirmó que “el Gobierno” decidió rebajarlos.

Eso les pasa a los ministros por aceptar cargos de ministros que se convierten en viceministros gracias al talante presidencial, mucho más calculador y político que sus servidores. (A propósito, superar a Valencia Cossio en esas artes es bastante meritorio).

En el fondo queda un problema mucho más serio que los desvelos ministeriales ante estas decisiones presidenciales. El dilema consiste en que cuando uno se entera por la prensa de alguna declaración de un ministro, puede esperar que en pocos días el pobre va a ser ignorado por la máxima autoridad, y, en consecuencia, debe dudar si creerle o no. Y si eso nos pasa a los ciudadanos que no formamos parte del Gobierno, ¿qué podrán pensar y hacer los funcionarios a quienes en principio les corresponde obedecer a los ministros?

Con los congresistas uribistas no hay problema: ellos se sintonizan automáticamente, y dado que entre sus virtudes no están el pudor ni la entereza, pueden oscilar sin vergüenza entre una y otra instrucción oficial. Ellos simplemente escuchan al ministro, y luego esperan la negativa presidencial.

Ahora estamos justamente ante un problema de este estilo: ¿qué les pasará a los ministros que manipulan al Congreso para que apruebe la reelección y de repente Uribe dice que no, que es necesario un relevo en la primera magistratura? ¿Juzgarán que perdieron el tiempo ejerciendo nuevas maniobras al estilo de la yidispolítica?

En este caso tampoco hay problema con los congresistas uribistas: ellos se inventarán los trucos para pasar de agache, y hasta de adjudicarse la iniciativa presidencial. Uno puede imaginarse a más de uno de ellos construyendo unos discursos justificatorios de sus volteretas y buscando el acomodo con el nuevo candidato.

Pero para los colombianos sí habrá problemas. Qué pensarán aquellos ciudadanos que votaron dos veces por Uribe, ilusionados por el punto 6 de su programa original, el de los cien puntos, que dice: “El Estado burocrático y politiquero ha engañado al pueblo con un discurso social que no ha cumplido porque los recursos se han ido en clientelismo y corrupción. El modelo Neoliberal abandona lo social a la suerte del mercado, con lo cual aumentan la miseria y la injusticia social?”.

PS. Ese programa  debería ser lectura obligatoria y permanente para la familia presidencial. El punto 24 dice: “El padre de familia que da mal ejemplo, esparce la autoridad sobre sus hijos en un desierto estéril. Para controlar a los violentos, el Estado tiene que dar ejemplo, derrotar la politiquería y la corrupción”.

Pero claro, esto se escribió en 2002, y la memoria parece ser muy débil.

 

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