Por: Mario Fernando Prado

Que la justicia sea justa

El desafortunado incidente en que se vio involucrado un joven profesional caleño, al que han elevado a la categoría de borracho, criminal y prófugo, debe ser dirimido por una justicia imparcial más ceñida a la verdad y a los hechos que a las presiones de los medios y las amenazas de los damnificados.

Y es que en este lamentable episodio la prensa juzgó y condenó a priori a un ciudadano sin tener en cuenta las circunstancias que rodearon el accidente y —como es usual— se exageró con no poco morbo sensacionalista y se “aportaron” como pruebas valederas versiones callejeras sin ningún rigor legal.

Se ha creado pues una peligrosa presión hacia quienes llevan el caso para que profieran de manera rápida y efectista una sentencia condenatoria porque, si no, los motociclistas –muchos de los cuales no son ningunos santos– se irán a paro y hasta podrían linchar a los jueces y parientes del sindicado.

Por otra parte, se ha querido recabar en el origen del procesado como si fuera un pecado haber nacido en el seno de una respetable familia que ha dado ejemplo de rectitud, honestidad y responsabilidad social.

Y en el caso del acusado por no tener antecedentes y ocupar un puesto importante en la banca colombiana.

Pero no : al caído caerle y volverlo trizas queriendo convertir esta situación en un enfrentamiento clasista. Al parecer, otro gallo le cantaría si se tratase de alguien con un perfil diferente; seguramente la justicia podría ser más generosa. Pero como se trata del “hijo de un rico” pues que se pudra en la cárcel como escarmiento y retaliación.

Malos momentos los tenemos todos y desafortunadamente se juntaron agravantes imposibles de ocultar que deben ser solucionados. Pero de ahí a que sea verdad todo lo que se ha escrito, dicho y vociferado, hay un gran abismo ético que la justicia con cabeza fría y, repito, sin presiones, debe analizar.

 

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