Por: Paloma Valencia Laserna

¿Qué le falta al uribismo para convertirse en oposición?

El Polo en medio de sus conflictos internos no ha podido brillar como lo hizo en el gobierno pasado.

El resto de los partidos, comprometidos desde el principio con Santos, tendrán sus razones para callar. Los uribistas señalan las fallas del actual gobierno de manera tímida, a pesar de que el rompimiento entre Uribe y Santos se anuncia a los cuatro vientos, y todo termina en silencio.


Santos fue elegido fundamentalmente por las masas uribistas que encontraban en el exMinistro de la Defensa el más fiel aliado de las políticas de seguridad democrática. El nuevo enfoque de Santos no ha correspondido a esas expectativas. El restablecimiento de las relaciones con Chávez fue un primer golpe y los nuevos hechos reviven la afrenta.


La cordialidad con Venezuela es importante; pero lo que espantó a muchos uribistas es que ese acercamiento se hiciera justo después de que el gobierno Uribe denunciara internacionalmente la presencia de campamentos de las Farc en ese país. Santos omitió aclarar qué había pasado. Y los uribistas no le preguntaron lo obvio: ¿los campamentos eran una mentira? ¿desaparecieron? ¿dejaron de ser importantes? ¿los asuntos económicos cobraron mayor relevancia?

Makled, el narcotraficante venezolano detenido en Colombia, apareció para revivir espantos. Asegura tener pruebas que vinculan a altos miembros del gobierno bolivariano con las Farc y otros grupos terroristas y que además muestran que están ganando grandes sumas de dinero que son enviadas al medio oriente. El uribismo se conforma con criticar la extradición de Makled hacia Venezuela. Esperaban que la extradición a Estados Unidos, interesado en descubrir como funciona el tráfico de droga en Venezuela y cuales son los compromisos de gobierno bolivariano con las Farc, se diera y la información resurgiera por otro lado. Santos mantuvo la decisión y Makled va para Venezuela, donde no hay muchas probabilidades de que tales vínculos se esclarezcan.


La pregunta del uribismo sobre los campamentos era obligada, pero callaron; fue un periodista en España el que obtuvo la declaración del presidente Santos quien aseguró que tales campamentos ya no existen.

Ahí si hubo uribismo. Santos reconoció que no puede garantizar que la guerrilla no este en Venezuela, dijo que de permanecer en ese país, lo hace sin la cooperación del gobierno. Asegura que los avances con el vecino son significativos, pues el ambiente de guerra que se presentía, ha desaparecido. Aquello no convence a los uribistas, pero callan.


Dicen sin decirlo que este gobierno descuidó en el control del territorio; la seguridad alcanzada parece ahora vulnerable. Las conquistas diplomáticas de Santos: el Consejo de Seguridad de la ONU, la Secretaría de UNASUR, y su amistad con Chávez no logran persuadir a quienes creen que la seguridad es nuestro mayor problema. Se habla de muchos municipios en el sur occidente el país presionado por los grupos guerrilleros; de que el ejercito no combate como lo hacía y de que el temor ante el secuestro y la extorsión son crecientes.


Los tweets parecen avanzar hacia rompimiento. Ya hoy todo se explica como interpretaciones insidiosas. Lo cierto es que el actual gobierno necesita una oposición, y el uribismo parecería el llamado a hacerla, pues son quienes mayores fallas perciben. Aun así persisten en mantener una postura de continuidad que no convence, ni beneficia. ¿Qué pasa?
 

 

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