Por: Jorge Tovar

¿Qué le pasó a Santa Fe?

Santa Fe está hundido en el fondo de la tabla. A falta de dos partidos, en este 2019-I, está penúltimo, a un punto del último. ¿Qué pasó?

Santa Fe tiene problemas institucionales desde hace un tiempo. Ello, no cabe duda, influye en lo deportivo. Pero lo de este semestre no se corresponde con el Santa Fe de la última década. Analicemos desde el punto de vista de los goles esperados lo sucedido este semestre.

Goles esperados, lo he mencionado varias veces, son los tantos que se deberían anotar en un partido a partir de los disparos realizados. Con base en un modelo estadístico, a cada disparo se le asigna una probabilidad. Si realizó cuatro disparos, y si el modelo determina que cada uno tiene una probabilidad de terminar en gol del 25 %, entonces se esperaría que ese equipo marcase un gol en el partido. A la fecha el modelo que manejo para Colombia se basa en 14.409 disparos realizados en la Liga Águila.

Hay varias formas de analizar estos datos. La gráfica muestra dos indicadores que ayudan a comprender futbolísticamente la temporada actual del rojo bogotano. Las áreas representan la diferencia entre los goles anotados y los esperados en cada partido. El valor de interés se contrasta en el eje izquierdo. Si el área está por encima de cero (centrándonos en el cero del eje izquierdo), quiere decir que Santa Fe anotó más goles de los que estadísticamente se esperaría que marcara. Esto significa que sus delanteros son muy efectivos, pues convierten el disparo en gol en más ocasiones de las que se espera dado los miles de disparos contabilizados.

Si el área está por debajo de cero, significa que los delanteros de Santa Fe anotan menos de lo que se espera estadísticamente que deberían anotar. Fallan demasiado. Por ejemplo, en el reciente partido ante el Unión Magdalena, los disparos del cardenal daban para anotar 1,32 goles. Dado que anotaron un gol, el área es negativa en 0,32. Los partidos de las fechas 11 (vs. Caldas), 12 (vs. Envigado) y 13 (vs. Jaguares) en los que no anotó ningún gol, son muy dicientes del desacierto rojo. Que ronde el -2 implica que debieron anotar cerca de dos goles.

La línea punteada es el acumulado de las jornadas transcurridas. Así, en la quinta jornada, cuando llega Bedoya, el equipo tiene un acumulado negativo del diferencial de goles anotados menos goles esperados. Las siguientes fechas algo se recuperó llegando en la décima jornada logra una diferencia cercana a cero, anotar lo que debía. Pero fue ilusión. Desde entonces el equipo cayó hasta acumular seis goles menos de los esperados en la jornada 13 (referencia en el eje derecho). La tímida reacción final ha sido insuficiente para abandonar el fondo de la tabla.

Los problemas del equipo son muchos. Uno de ellos es la incapacidad de convertir lo que deberían convertir. La estadística sugiere trabajar ese aspecto.

 
 

 

 

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