Por: Hernando Roa Suárez
Construir democracia

¿Qué líderes políticos necesitamos?

El futuro líder debe ser un estadista. Es decir, un hombre de Estado con la capacidad comprensiva, teórica y práctica, de la realidad nacional e internacional de la que hace parte.

He aquí una propuesta que deseo contribuir a responder, ocupándome de presentar tres dimensiones sustantivas y correlacionadas: Cualidades básicas; actividades sustantivas; y reflexiones psicosociales y cerebrales, sobre un líder político democrático en el siglo XXI.

Observaciones iniciales. Tratándose del análisis interdisciplinario que conduce al conocimiento de los procesos que dan origen al liderazgo político, deben notarse las correlaciones existentes entre los procesos históricos y el surgimiento de los líderes. Me inclino a pensar que su advenimiento no es fruto del azar. El líder nace y se hace, en la medida en que responda creativamente a lo socio‑histórico en que le corresponde vivir y realizar su existencia y vocación.

Frente a la configuración del poder mundial, se impone actuar con conciencia latinoamericana solidaria. Seguir fragmentados y divididos sería funesto para el destino de nuestros pueblos. Los esfuerzos dirigidos a concretar múltiples formas de cooperación horizontal entre los distintos grupos ‑gubernamentales y no gubernamentales‑ que se han ido creando al interior de la América Latina, abren posibilidades para una acción que facilite su participación más igualitaria, dentro de la nueva configuración mundial.

Me inclino a pensar que nuestra democracia se verá fortalecida si el proyecto político que estamos construyendo los colombianos desde 1991, permite cristalizar formas de participación y control que amplíen la intervención de los sectores mayoritarios, a través de los partidos políticos, movimientos sociales, formas asociativas y grupos de presión. No olvidemos que las formas de organización política, deben estar dirigidas prioritariamente a la realización de lo humano.

Si el líder político quiere acertar históricamente en Colombia, debe plasmar un plan gubernamental que siente las bases para realizar un proceso de desarrollo económico, social, político, cultural y ambiental, que tenga en cuenta los derechos fundamentales de la mayoría de la población.

Ocupémonos entonces de pensar en las cualidades básicas[1]. Enunciémoslas:

1.-        Estar dotados de confirmada inteligencia; consagración al estudio; pasión por el ideal político; equilibrio psico‑afectivo; firmeza de carácter y profundas convicciones solidarias[2].

Cuando examinamos las biografías de Uribe Uribe, Alfonso López P., Darío Echandía, Charles De Gaulle y Winston Churchill..., para referirnos a cinco líderes políticos del siglo XX, se presenta evidente: su lucidez mental; capacidad de estudio y trabajo; realización personal afectiva y el móvil de la solidaridad con las mayorías políticas de su tiempo, para impulsar su lucha política.

2.-        Conocer las condiciones históricas fundamentales de los ambientes internacional y nacional, donde deba ejercer su labor (Luis Carlos Galán).

Comprometido en construir una alternativa política democrática, que facilitara innovar las costumbres políticas de los colombianos, Galán se dio a la tarea de fundar el Nuevo Liberalismo. Para el proceso político que debería elegir presidente en 1990, llegó a la convicción, informada por el proceso histórico colombiano, de que, si quería ser electo Presidente, debería buscar el apoyo pleno del partido liberal. En los diálogos sostenidos con el señor expresidente Turbay, acordó aceptar las reglas del juego del partido liberal colombiano y se presentaba claro para 1989, cuando fue asesinado, que era el candidato con mayor opción para acceder al primer cargo de la Nación. En su último reportaje con Pacheco, quedó explícito su gran respeto por el estudio de la historia, para acertar en la conducción política.

3.-        Comprender las distintas culturas regionales; sus respectivos valores y formas de ver, vivir y sentir la existencia (Jorge Eliécer Gaitán).

Conocemos que su viaje de estudio a Italia le permitió acercarse al conocimiento de la evolución política europea, especialmente la italiana y francesa. La perspectiva internacional le abrió los ojos para realizar una acción política nacionalista, pero con conocimiento de la variable internacional. Al regresar al país y enterarse de la Masacre de las Bananeras, se desplaza directamente a la región y en su debate sobre el tema, como parlamentario, obtiene su primer triunfo de resonancia nacional. Para la campaña presidencial que debería culminar en 1950, realizó un conjunto de viajes a diversas regiones de Colombia, que le permitió conocer mejor nuestra riqueza nacional, la variedad de las regiones y la complejidad de sus problemas. En el momento de su asesinato (9 de abril de 1948), poseía importante respaldo popular en regiones claves de Colombia que presagiaban su triunfo inobjetable.

4.-        Tener presente el significado político del principio de legalidad que guía sus acciones, para evitar arbitrariedades (Alberto Lleras Camargo).

Habiéndose consagrado desde su juventud al ejercicio del periodismo, después de largas jornadas de lectura y escritura, comenzó a intervenir seriamente en política a partir de 1930. A raíz del triunfo lopista de 1934, se comprometió plenamente con su opción de cambio, siguiendo los procedimientos legales de la democracia. Es sabido que para la segunda elección de López (1942-46), se convirtió en un personaje político que contaba con la confianza plena del Presidente de la República. Al acceder al Solio de Bolívar en 1945 y presidir el debate por la Presidencia de 1946, dio plenas garantías a los contrincantes (Gaitán, Turbay y Ospina). En 1946, entregó el poder al triunfador legítimo: Mariano Ospina Pérez.

Como presidente constitucional, para el período 1958-62, buscó que sus actos estuvieran investidos del imperio de la ley y así fue reconocido por sus compatriotas en la manifestación de agradecimiento que se le tributó en 1962, frente al Palacio de San Carlos, en los últimos días de su ético y restaurador gobierno.

5.-        Fortalecer el valor personal y la confianza en sí mismo; la versatilidad; la perspicacia; el sentido del humor; y la consagración tenaz al trabajo, de tal manera que le permita ampliar las bases populares que respaldan el ideario propuesto (Carlos Lleras Restrepo).

Desde temprana edad comenzó a ejercer su vocación política y a prepararse responsablemente para el ejercicio del poder. Quien analice incisívamente la historia de Colombia en el intervalo de su Presidencia (1966-70), encontrará que la riqueza de su personalidad y su consagración al trabajo, le permitió acceder a la cúpula del poder y realizar una de las más completas gestiones como estadista colombiano del siglo XX. En el ejercicio de su Presidencia, quedaron claras sus dotes de carácter, gran preparación y capacidad de comunicación con los ciudadanos. A raíz de los problemas generados por los resultados del proceso electoral de 1970, demostró que estaba capacitado para intervenir con firmeza en los momentos críticos. Quienes pudimos tratarlo en privado, conocimos su espléndida agudeza, capacidad de comprensión del interlocutor y magnífico sentido de la ironía y del fino humor.

6.-        Observar una vida individual y social que confirmen la personificación del ideal; su autenticidad, honestidad y el compromiso con los intereses de la mayoría de la población (Alfonso López Pumarejo).

Por su vocación y consagración a los valores democráticos, contó con el fervor popular, y su intervención fue clave, especialmente, en las orientaciones políticas colombianas durante treinta años: 1930-60.

Hasta el ejercicio de su primera Presidencia (1934-38), López demostró -de manera original- una personalidad autónoma como conductor del Partido Liberal. Asesorado por una equilibrada combinación de políticos experimentados e inteligentes jóvenes, profundizó la obra iniciada por Olaya y afianzó la inserción de Colombia a la modernidad democrática. Grandes avances sociales se alcanzaron en su primera administración. Una prueba significante de ello, fue la Ley 200 de 1936, sustentada magistralmente por Darío Echandía.

Invito al lector a tener en cuenta que inmenso costo histórico ha tenido que asumir nuestra Nación, por la designación de personas que no estaban adecuadamente preparadas para el ejercicio del poder. En la próxima columna me ocuparé de las actividades sustantivas.

roasuarez@yahoo.com

Referencias

[1] Las cualidades básicas se acompañan de ejemplos específicos de líderes que las poseyeron.

[2] Varios de los líderes incluidos como ejemplos encarnaron, en su práctica histórica, más de una de las cualidades aquí enfatizadas.

 

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