Que no sea interminable

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Todos los colombianos de bien, salvo quienes están interesados en el negocio de la guerra, deseamos de todo corazón que las conversaciones entre el presidente de la República y el Comité del Paro se resuelvan positivamente en el menor tiempo posible. No le conviene a nadie que el famoso conversatorio se alargue como mecanismo de defensa para que el Gobierno Nacional termine haciendo lo de siempre: incumpliendo con el agravante de que se daría papaya a los vándalos en la medida que los reclamos continuarían. Entonces, lo más fácil es dividir a la sociedad en defensores y detractores de las marchas. Los primeros son quienes dan voz a la inconformidad a un amplio sector social; mientras los segundos asumen una posición profundamente egoísta, engañosa e hipócrita. Es fácil identificarlos. Y en el Congreso hay más de una…

“Un día en que vivió la lucha popular con la intensidad acumulada de 20 años; un día en que estuvieron parados más trabajadores que en el conjunto de los diez años anteriores; un día en que la combatividad y la iniciativa de las masas salieron a flote para mostrarse en un solo rostro de odio, por todos los años de frustración que han tenido los gobiernos en las últimas décadas…”. Así comienza la introducción del libro de Arturo Alape, Un día de septiembre. Testimonio del paro cívico en 1977, y los párrafos siguientes muestran una realidad colombiana de hace 42 años que parece congelada en el tiempo. Hasta donde registra la historia de aquel famoso paro, casi le cuesta la presidencia al doctor Alfonso López M. No se cayó tal vez porque le faltaba solo un año y logró terminar el mandato muy desprestigiado y con la problemática al rojo vivo.

No es justo repetir esta dolorosa página colombiana. Hoy el Gobierno Nacional cuenta con buenas herramientas ya elaboradas para satisfacer buena parte de los reclamos del pueblo colombiano, salvo el del grupo élite económico que también conocemos de sobra. Agilizar todo trámite que tenga que ver con la implementación de los programas y proyectos del proceso de paz. Hay avances buenos y pueden ser mejores. Pero además existen obligaciones gubernamentales con todas las regiones del país… y hay que cumplir. Cumplir, señores, cumplir. Bueno, es fácil deducir que al actual mandatario le faltan tres años, que como va, son tres larguísimos años y al no tomar unas buenas decisiones, se avecinan días de mucha incertidumbre y dolor.

Ana María Córdoba Barahona. Pasto.

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