Por: Felipe Zuleta Lleras

Qué peleadera

Resulta realmente difícil entender el papel del procurador general, Alejandro Ordóñez, frente a los diferentes asuntos que le competen y aun algunos que no son de su competencia pero en los cuales se inmiscuye de todas maneras.

Lo de esta semana ha sido patético, especialmente en lo que tiene que ver con las advertencias que le ha hecho al candidato-presidente Juan Manuel Santos. Pretende el procurador que Santos no haga actos de campaña utilizando para ello recursos públicos porque eso es lo que dice la ley. Pero la interpretación amañada ha llevado al absurdo de prohibirle a Santos hacer reuniones en la casa privada de la Casa de Nariño. O sea, Santos tiene que salir a la calle a una cafetería de la esquina porque no puede hablar de política en su propia residencia.

No es serio lo que está pasando con el procurador, entre otras porque olvida él que el jefe del Estado no es disciplinable por la Procuraduría. Solamente puede hace hacerlo (en lo penal y en lo disciplinario) la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes.

El enfrentamiento entre la Procuraduría y el presidente no va a salir bien, pues eso le hace daño al país, cosa que al final del día a ninguno de los dos le importa un carajo, porque la política colombiana se ha vuelto una feria de vanidades absolutamente imposible de resistir. Y la procuradora delegada para asuntos electorales, doctora Carreño, ha decidido dejar a un lado sus múltiples ocupaciones para dedicarse a perseguir al presidente y a los ministros, siguiéndoles los pasos al segundo.

Son tantos los problemas del país y tan variados, que da grima ver a los altos funcionarios del Estado en eso.

A eso súmenle la pelea entre el fiscal y la contralora, en donde me temo que las consecuencias no se harán esperar porque, estimando profundamente a la contralora, me temo que está enredada en unas acusaciones en contra del fiscal que no ha podido y no podrá probar. Pero ha hecho un daño innecesario, no sólo a su seriedad y credibilidad, sino a la imagen de la Fiscalía.

Y si faltaba algo, esta semana el expresidente Pastrana lanzó su libro que, si bien no he leído, me suena más bien a unas páginas para tramitar sus odios. Y, obvio, arranca una nueva pelea entre casi todos los expresidentes, reviviendo cuentos de los años noventa que no estoy tan seguro les interesen a las nuevas generaciones de colombianos.

No existe la menor posibilidad de que el país deje de ser una estación de ferrocarril con sacerdote, como decía alguien, mientras nuestra clase dirigente siga pensando que esto es una finca y que pueden hacer con ella lo que se le venga en gana. Recuerdo ahora el dicho gringo Where the banana grows there is no civilization. (Donde crece el plátano no hay civilización).

Qué desolación tener que levantarse todos los días a presenciar los mismos espectáculos, con los mismos payasos y animales, hablando de los mismos temas. Como si acá no hubiera problemas de verdad.

 

@FZuletalleras

 

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