Por: Iván Mejía Álvarez

Que ruede la bola

Casi nunca el primer juego de un campeonato mundial resulta atractivo o vendedor. Por cuestiones de los manipulados calendarios que organiza la FIFA, uno aquí, otro allá, que no se enfrenten los poderosos en primera ronda, que haya siempre dos favoritos y dos peritas en dulce, las inauguraciones han terminado por ser juegos simbólicos entre el local y un adversario que poco dice. Y en el caso de Rusia, el local parece peor equipo que su adversario árabe.

De todas formas, hoy arranca esta fiesta, hoy empieza el Mundial del VAR, y los candidatos, como dice Bilardo, son siempre los mismos: el todopoderoso Brasil, la campeona Alemania, el equipo de Messi y la sobresaltada España envuelta en su gravísima crisis institucional.

Atrás de ellos, siempre a la espera de un vientecillo a favor que llene de aire la camiseta, están Bélgica, Inglaterra, Francia, Uruguay, Portugal y hasta la misma Colombia.

Y después el resto, la tropa que por ahora estará cercana a los 20 equipos, pero que, como van las cosas, en un futuro cercano serán 30 selecciones, de seguir el “reformador” Infantino con sus ideas megalómanas de gigantismo.

Un Mundial donde se verán módulos interesantes bajo la premisa de muchos técnicos que desean sumar gente a posiciones de ataque sin perder de vista el colectivo defensivo. La idea sigue siendo recuperar la pelota lo más lejos posible del propio arco para modelar ataques en velocidad.

Serán pocos los equipos que armen su juego a partir de la posesión de la pelota. España, un poco Colombia, Alemania, Brasil por momentos. En el fútbol de hoy, la idea más vista y más popular corresponde a la de los equipos que recuperan y juegan, se arman a partir de quitarle la pelota al adversario lo más arriba posible para poder saltar líneas de presión.

La primera fase tiene mucha morralla y poco oro. El cernido deja cantidades de arena, una que otra piedrita, y al final el campeonato como tal empezará en la segunda etapa, luego de que la mayoría de carros acompañantes ya estén de regreso en sus sedes.

Lo más importante, y por lo que será recordado este Mundial, será por la llegada al fútbol de un sistema de videoarbitraje que permita tomar decisiones más justas, y eso incluye menos posibilidad de trampas y manipulaciones a favor de determinados equipos. Negarle su trascendencia es imposible, condenarlo sería necio, pero tampoco se puede creer que es perfecto y, por supuesto, la primera experiencia no estará exenta de polémicas y errores. De todas formas, el VAR hará más viable la legalidad.

Venga, vamos a jugar. Que arranque el Mundial del VAR.

 

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