Por: Iván Mejía Álvarez

¡Que se vayan todos!

La hinchada azul se hizo sentir el domingo cuando su equipo perdió en forma melancólica frente a un Chicó cansado y jugando regular.

El grito que salió del alma se escuchó hasta Monserrate, ese “que se vayan todos” es un reflejo de la paupérrima campaña, del lamentable nivel futbolístico y el grito, único recurso que le queda al hincha que ama al equipo pero se encuentra desmoronado por los tristes números y el pésimo rendimiento, es contra todos, absolutamente todos: la “dupla maldita” que se apoderó del mando y carcome y arruina la institución, el mediocre y mezquino técnico que se quedó vegetando en el puesto y nunca exhibe o presenta algo diferente para buscar un revulsivo y una plantilla de figuritas que cobran muy caro y juegan muy poco, pero eso sí, son de un agrandado y arrogante inaguantables.

Millonarios está eliminado una vez más de las finales. Un fracaso más, otro que se suma a la larga lista de derrotas del equipo azul desde hace 20 años. La maldición de Rodríguez Gacha sigue pesando en el equipo.

Año tras año, torneo tras torneo, Millonarios sigue haciendo el ridículo futbolístico y dejando a su numerosa fanaticada inmersa en dolorosos días de pasión. Lo que no se gana en la cancha, la gloria que no se consigue jugando, se obtiene en titulares de prensa por el comportamiento de un sector de ultra radicales que en eso de la violencia, la delincuencia, la matonería, son campeones. Tan sólo en eso, es campeón el actual Millos.

La dirigencia, responsable en un 99% de lo que pasa, sigue pensando en “atractivos negocios” particulares, sacarle partido al terreno que heredaron, poner los hinchas a tributar como sociedades anónimas paralelas, a ellos tan sólo les importa su bolsillo, son dolientes de su dinero. Recibieron el club con doce mil millones de deuda y ya van en 24 mil y la Comisión de Vigilancia de la Ley 550 haciéndose la de la vista gorda en una anómala situación que debería llevar a decretar la disolución de la empresa.

A Millos hay que refundarlo, volverlo a hacer, con una empresa diferente, donde no tengan cabida, ni por asomo, los García, López, Rendón, Santos, la DNE. Esos tipos hay que desterrarlos y dejarlos que su dinero se pudra en la antigua empresa que comandaron hasta llevarla a la extinción. Ellos tienen que entender que los gritos de la hinchada son un repudio a su presencia, que la gente no quiere volverlos a ver por ninguna parte, que son aves carroñeras y su sola mención produce repugnancia.

Sí, que se vayan todos y no vuelvan jamás, la hinchada tiene razón.

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