Por: Marcelo Caruso A.

¿Qué será lo que tiene el Petro?

Aclarando que no hablaré de la criptomoneda chavista, intentaré una reflexión sociopolítica de lo que representa el fenómeno electoral de Gustavo Petro, que comenzó como parte de la clásica estrategia del infle y posterior desinfle de candidatos, con la que el establecimiento busca incinerarlos preventivamente. A derecha, centro e izquierda se busca explicar sus capacidades para tener esa posición en las encuestas, pero poco se dice directamente del por qué se lo considera una opción para los pobres, excluidos,  jóvenes y amplios sectores de la izquierda.

El tema es de percepciones e imaginarios, los cuales siempre tienen una cuota de verdad, pero mucho de emocionalidad e intuición política inversa. Desde lo estructural hay que decir que vivimos una época de constantes engaños y promesas incumplidas, en la cual han sido expertos los  centros del pensamiento neoliberal y los medios de comunicación que se ponen a su servicio. Es también la época del no confiar en nadie, comenzando por los que deben garantizar y aplicar justicia, seguridad y orden público, y, como continuidad pero en crecimiento acelerado, por la corrupción de los políticos, de la cual, sospechan, sólo nos muestran la superficie. La gente no cree en nada que huela a continuidad de los dueños del poder, y está elevando la presión de la olla, algo que un columnista alerta como el “estallido de un polvorín”, el que con esta paz imperfecta, puede convertirse en una ola electoral antisistémica.

El análisis de los votos de esta franja proclive al invento del “castrochavismo”, caracterización que tendrán que cambiar pues la gente comienza a utilizarla en positivo, muestra que una gran parte de los sectores populares ha votado por Uribe en lo nacional y luego por la izquierda y progresistas en los gobiernos locales, lo que fue evidente en Bogotá y Medellín. La izquierda amplia viene acumulando un promedio del 20 al 25 % de los votos, que no son fieles a un partido en particular, sino que buscan la mejor opción entre ellos. Fenómeno que se extiende por toda América Latina, donde luego de golpes de Estado jurídicos y electorales, de campañas globales de desprestigio y boicots económicos y financieros, como se realiza contra el gobierno de Venezuela, se mantiene, a pesar de sus errores, el apoyo a estos sectores críticos del neoliberalismso por una franja dura de electores que oscila en el 30% de los votos. Lo cual, ante la dispersión y crisis de los partidos tradicionales, los convierte en la primera fuerza electoral coherente en sus objetivos, aunque muchas veces dividida, incapaz de aprovechar esa posibilidad y convertirla en oportunidad.

Con la salida del senador Robledo de la campaña presidencial, Petro, con sus cualidades que siempre se las reconocieron, hasta que fue alcalde, y con sus defectos que son públicos y también inflados, es el único candidato que puede representar el sentir de esa franja. La que no se siente conectada con las medias tintas y los coscorrones, tampoco cree mucho en los acuerdos de paz porque no los ve reflejados en, siquiera, promesas a ser cumplidas de mayores garantías de derechos, acceso a la tierra y al trabajo digno, y que cada vez cree menos en el mesías guerrero que acabaría con el origen de sus males.  

Los que anuncian su voto por Petro, y posiblemente por las listas de la coalición de Decentes que lo apoya, han aprendido de lo que llamo la intuición inversa: si es a quien más atacan los medios y los candidatos tradicionales, debe ser por algo, y algo que los molesta y les genera miedo. Así, simple pero concretamente, deducen que tiene capacidad y poder para cambiar el orden de las cosas, y por lo tanto lo eligen como una opción de oposición a todos los males que están sufriendo. Ni siquiera han podido atacarlo por la vía de aquellas iglesias que con sus campañas estimulan los miedos, pues al decir del trovador Alí Primera, “aunque un rosario de penas lleve guindado en su pecho, el pueblo tiene derechos”, y, ante todo, busca quién se los garantice.  El 11 de marzo es la verdadera primera vuelta.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Marcelo Caruso A.

México, Colombia y el bonapartismo

De consultas, derechos y territorios

Alerta en la Hilea Magdalenense (I)

De raizales y derechos humanos