Por: Mario Morales

Que suspendan los partidos

YA NO ES SÓLO CUESTIÓN DE DIGNIDAD o de sentido común. (Que escasean por estos días más que la yuca o el tomate chonto). Lo que está pasando con el fútbol colombiano y los partidos de la coalición de gobierno ha sobrepasado cualquier límite.

¿Cuántos hinchas más debemos enterrar y jóvenes victimarios judicializar antes de que alguien haga algo? En lo que va corrido del año han sido asesinados seis fanáticos de una manera que va más allá de lo que quiere decir la palabra absurdo. Por eso es que en este suelo, como dice la ranchera, la vida no vale nada.

Las campañas de prevención han sido tímidas. El anuncio de penas más severas es incierto y se queda en lo punitivo. E incrementar efectivos policiales en los alrededores de los estadios y en las rutas de las barras bravas sería insuficiente y distraería otros frentes de seguridad.

Habría que comenzar por suspender los partidos. No sólo para bajarle la temperatura a los trogloditas del puñal y la camorra, sino también para escuchar propuestas creativas de dirigentes de clubes, periodistas, delegados de las barras pero sobre todo del Estado, a cual más responsables, por acción u omisión, de un fenómeno que hace rato se salió de madre. (Y para tomar medidas drásticas contra los clubes que no están al día con sus estados contables y composición accionaria).

Algo similar debería suceder con los partidos de la coalición de gobierno que ya suman cinco de sus líderes tras las rejas por presuntos nexos con el paramilitarismo. No se trata simplemente de unificar los que sobreviven (entre reeleccionistas y disidentes), que es el reencauche que propone José Obdulio Gaviria,  para mantener esos voticos, antes de que vengan más capturas, y salvar el referendo y la reformitis que se avecina. Habría que exigir que cesen esos partidos y se consolide la devolución de todas sus curules y, de paso, de la personería jurídica.

Una quimera, por supuesto, ahora que  los cargos directivos, aun de esos movimientos en desgracia, son vistos como trampolín para la contienda electoral, así estén a punto de desaparecer por sustracción de materia, o así no tengan un peso como dice la disidente Marta Lucía Ramírez.

Continuarán, ya lo sabemos, el espectáculo de los cortejos fúnebres, de las indagatorias y de los carcelazos. Hace falta algo más que dignidad y sentido común. Y con la escasez que hay.

www.mariomorales.info

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