Por: Elisabeth Ungar Bleier

¿Qué tan transparente es la urna donde legisla el Congreso?

LA UNIDAD NACIONAL ES LA COALIción de Gobierno que agrupa a cerca de 230 parlamentarios de los partidos que apoyan al presidente Juan Manuel Santos.

Si estuviéramos en un país con un sistema de partidos fuerte, con unas colectividades con identidad y proyectos políticos definidos y diferenciables, con reglas de juego democráticas y transparentes, nadie dudaría de que esta alianza va a responder al propósito de lograr consensos en torno a temas fundamentales y de superar la polarización y confrontación de los últimos años. Pero, además, que contribuiría a mejorar la gobernabilidad democrática, que requiere de colaboración entre las ramas del poder público, pero a la vez el respeto a la independencia y autonomía de éstas.

Sin embargo, esta coalición se conformó al fragor del entusiasmo generado por una segura victoria electoral, más que en torno a acuerdos programáticos. Por lo tanto, es más propensa a sufrir fisuras, porque no se construyó por acuerdos sobre cómo enfrentar los principales problemas del país y sobre  cómo superar prácticas y costumbres  que han contribuido al desprestigio de la política y en particular del Congreso.

El procedimiento de elección de la nueva Contralora General de la República, y la selección por parte de los partidos de la Unidad Nacional de los candidatos para el Consejo Nacional Electoral, muestran que el Congreso está lejos de practicar la transparencia y el pluralismo que se comprometió a promover el presidente Santos. En el primer caso, se utilizaron papeletas marcadas con el nombre de la candidata del Gobierno con el fin de poder controlar los votos e identificar a los votantes y a los partidos. Es decir, contrario a lo que dice la ley, la votación no fue secreta. Y lo que debía ser una elección libre, transparente y democrática se convirtió en un mal precedente para la propuesta del Presidente del Congreso de recuperar la autoridad y legitimidad de esta institución.

En el segundo caso, en la selección de los candidatos al Consejo Nacional Electoral, los partidos de la coalición están actuando como una aplanadora, desconociendo a la oposición, el Polo Democrático, y a la segunda fuerza electoral en las elecciones presidenciales, el Partido Verde. Así, mientras el ministro del Interior, Germán Vargas, hablaba con los directivos del Polo sobre los alcances y contenidos de un Estatuto de la Oposición, los miembros de la Unidad Nacional impedían que ésta pudiera formar parte del máximo órgano encargado de la vigilancia y control de las elecciones, uno de los pilares del ejercicio democrático. Y han preferido apoyar al candidato del PIN, enviando un mal mensaje al país.

Además de desconocer las formas democráticas, que no por formales son irrelevantes, estos comportamientos acarrean problemas de fondo, afectan la democracia y van en contravía de los principios de eficiencia, eficacia, transparencia y rendición de cuentas que ha pregonado el Presidente. “¡Vamos a gobernar en una urna de cristal!”, enfatizó el Jefe de Estado. ¿Será que el Congreso no ha entendido el mensaje?

Buscar columnista

Últimas Columnas de Elisabeth Ungar Bleier