Por: Lorenzo Madrigal

¿Qué tiene Angelino?

Está en su punto el debate sobre la salud del vicepresidente de la República, Angelino Garzón. Que sufre de algún problema en su lado izquierdo, ha dicho el presidente Santos, algo reticente, luego de poderlo visitar, por fin, en su convalecencia. Debe entenderse, claro está, que se refiere al tema médico.

¿Qué tiene Angelino? ¿Se trata de alguna parálisis facial, está hemipléjico, hipersensible, fatigado, deprimido o cualquiera de distintas hipótesis concurrentes con su padecimiento cerebral?

Lo más anormal de su estado físico es que nadie haya podido verlo durante muchos días, salvo los médicos y su familia cercana, esta última con el derecho, que nadie osa discutirle, a su intimidad. Pero, figura pública como él, situada en la más alta cumbre de la democracia, su aislamiento despertó sospechas y aún las despierta, por estar en la primera línea de sucesión del presidente de la República. No creo que sea el caso de un mero empleado oficial con incapacidad decretada por x días laborables.

Téngase en cuenta que en un país convulsionado, como es la Colombia de hoy, un atentado —sobra decir que indeseable— en la persona del primer mandatario de la Nación no se puede descartar. Fallas recientes en los relojes del avión presidencial, motores incendiados en aviones ministeriales, los muy frágiles y vulnerables helicópteros, darían para cavilar pesadillas.

El presidente Roldós en Ecuador, junto con su familia, Torrijos en Panamá, Barrientos en Bolivia y tal vez otros, han encontrado la muerte en el aire, para lo cual sólo se necesita un enemigo infiltrado en los hangares, si no se tiene una cuidadosísima vigilancia.

Hay que saber quién y en qué condiciones reemplaza al primer mandatario de la Nación, pues el primero en esta línea de sucesión es el propio Angelino y el segundo el presidente del Congreso, el infatigable senador Roy Barreras (!).

Una razón simple para haberle cerrado la puerta al propio jefe del Estado, cuando quiso entrar a su alcoba de enfermo, habría sido que el vicepresidente asimiló el golpe bajo que aquel le propinó, al poner en discusión la continuidad del cargo de vicepresidente, en tan penosos momentos.

Cualquier discusión constitucional es válida, pero como dice la Escritura, todo tiene su tiempo. Si bien, tampoco es apropiado estar modificando, al antojo del momento, los lineamientos de una Constitución, que careció por completo de la continuidad y firmeza para las cuales se expide una Ley de Leyes.

***

Cuando ya Angelino, por fin, ha recibido a Santos y le ha manifestado que se opone a la idea de una constituyente, la extraña llamada que recibió —en apoyo precisamente de todo lo contrario— el senador Juan Carlos Vélez Uribe podría atribuirse al reencauchado del Noticiero NP&.

 

 

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