Que todos sean jueces de Uribe como ejercicio civilizatorio

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Tal vez no se pueda un levantamiento total de la reserva sumarial, pero sí una forma que ayude a la paz política.

Juristas de distintas posiciones políticas (Jorge Humberto Botero y Rodrigo Uprimny, por ejemplo) coinciden en que i) la detención preventiva de Álvaro Uribe no era necesaria y ii) es difícil justificarla procesalmente. En el puro ámbito objetivo del derecho, la inclinación habría sido abstenerse.

Pero en el ámbito subjetivo se trataba de un golpe simbólico, político y mediático de carácter histórico a un costo relativamente bajo, con el blindaje del Estado de derecho y el apoyo asegurado de al menos la mitad de la población beligerante.

La economía simbólica y política de la Corte Suprema de Justicia ayuda a entender la decisión: si una parte grande de la legitimidad perdida por los escándalos del Cartel de la Toga y el caso Santrich podía recuperarse de un golpe, y además protegerse de reformas en el Congreso porque se presentarían como retaliación, la cuestión era revestir de aparente o suficiente juridicidad la decisión política.

Es en el contexto de la guerra política exacerbada que vive el país que cobra sentido la determinación de los magistrados de la Corte. En situación de paz política no habrían privado de la libertad innecesariamente a ningún expresidente de la República. Se esperaría que tirios y troyanos aceptaran esta premisa para avanzar en el diálogo.

También podríamos convenir que hemos tenido guerras políticas peores, básicamente las que se tramitaron con las armas. La última de ellas, “la Violencia” entre liberales y conservadores a mediados del siglo XX.

Desde el Pacto Nacional de Sitges (España) en 1957 entramos en un proceso de civilización política que desterró las armas, las creencias más irracionales y finalmente la pasión por los dos partidos históricos. Si me permiten decirlo: las guerrillas y los paramilitares no han involucrado el alma nacional.

La civilización nos trajo una paz política para el grueso de la población, que de modo sorprendente se trastocó en lo poco que llevamos del siglo XXI. Se creó de nuevo la pasión política, ya no en torno a partidos contrapuestos, sino en relación con una figura política: Álvaro Uribe, que encontró su contrario: Gustavo Petro.

Esta nueva pasión política, que ha involucrado a gran parte de colombianos, tiene elementos irracionales que han afectado el curso de la civilización política: en lugar de violencia física, violencia moral y simbólica con odio visceral. También devoción política irreflexiva por los “caudillos”. De Uribe se creó una leyenda criminal, que explica que los antiuribistas festejen la detención preventiva. Poco importa su juridicidad, pues se trata del “peor genocida de la historia de Colombia, Matarife”.

Nos hemos devuelto a la guerra política o a una forma destructiva de esta, con altos costos para el funcionamiento de las instituciones del Congreso, el Ejecutivo y la justicia. El país necesita cambiar esta situación. En lugar de alimentar el odio y los prejuicios, deberíamos proporcionar argumentos y herramientas para que el espíritu político de millones de colombianos busque tranquilamente la razón y la verdad. En parte la política está fallando porque sus agentes deben satisfacer a los partidarios enardecidos.

Dada la detención de Álvaro Uribe, sí ayudaría al clima político del país que muchos pudieran poner a prueba sus prejuicios teniendo acceso a todas las evidencias del expediente, comenzando por los medios de comunicación, las facultades de derecho y ONG. Probablemente la Sala de la Corte negará el levantamiento de la reserva sumarial porque así mantiene el monopolio del veredicto (podría ser que la conclusión mayoritaria del público no coincidiera con la de la Corte).

El privilegio de filtrar evidencias a discreción es también un poder en la guerra política. Renunciar a él de facto mediante un acuerdo de las partes procesales sería juego limpio, otro elemento que necesitamos rescatar para la civilización política. La Corte podría salvaguardar a terceros y correr cuidadosa y parcialmente la reserva para ayudar a la paz política.

Mientras la mitad del país piense que la Corte que liberó a Santrich y detuvo a Uribe no tiene ningún control de la sociedad y puede decidir lo que quiera, seguiremos por mal camino.

@DanielMeraV

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