¡Que vivan los maestros!

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El momento histórico por el que atravesamos a causa de la emergencia sanitaria provocada por el COVID-19 ha configurado el inicio de cambios culturales importantes que interrumpen las prácticas cotidianas que como sociedad naturalizamos y perpetuamos en los distintos sectores económicos, políticos y educativos. La emergencia de estos cambios abruptos se aprecia en millones de niños y jóvenes de nuestro país y del mundo que han presenciado la transformación de su hogar en colegio, oficina, taller, gimnasio o en lo que sea necesario hacer en casa. Resalta de todo esto que niños y jóvenes junto con sus maestros luchan por continuar sus procesos formativos en diferentes niveles, lejos de las aulas de clase y desde sus casas a través del uso de herramientas tecnológicas.

Estas circunstancias, a su vez, han representado un gran desafío para las instituciones educativas, pero sobre todo para los maestros, quienes han tenido que repensar sus prácticas en la actual coyuntura y adaptarse a un nuevo escenario en el que el contacto directo con el estudiante está limitado y la mediación es realizada con tecnologías de la información y la comunicación (TIC); situación que, si bien puede no ser permanente, no existe certeza sobre el momento en el que terminará y permitirá el retorno a las aulas y a la interacción presencial en los procesos formativos.

Este replanteamiento en el ejercicio del maestro está atravesado por su condición humana, que requiere cuidarse, que necesita proteger y hacerse cargo de su familia, pero que también realiza importantes esfuerzos para que los procesos formativos de sus estudiantes puedan continuar a pesar de la crisis y de las dificultades tecnológicas y de conectividad; que se preocupa por aprender y capacitarse en aquello que le cuesta y por reconocer las posibilidades y características de cada uno de los educandos con el fin de diseñar de manera creativa y pertinente actividades en las que todos puedan aprender.

Las experiencias fraguadas en este tiempo de virtualidad y distanciamiento social han incitado una mirada diferente de la educación, a encontrar distintas herramientas y recursos que permitan potenciar los procesos formativos de enseñanza y aprendizaje que están ocurriendo hoy desde casa. En esa medida, el rol del maestro no se limita a la simple transferencia de información, ni a la resolución de preguntas de sus estudiantes, sino que cuestiona la situación actual y deja claro, una vez más, que es un sujeto productor de conocimiento educativo, pedagógico y didáctico.

Sea esta la oportunidad para rendir un homenaje a todos los maestros de Colombia, especialmente aquellos que laboran en territorios inhóspitos y alejados de nuestra geografía que, como siempre lo han hecho, continuarán colocando lo mejor de sí para que miles de niños, niñas y jóvenes puedan acceder al saber y a la cultura de la humanidad representada en los distintos campos del conocimiento.

Este año, el Día del Maestro coincide con el sentido homenaje que hace la Universidad Pedagógica Nacional, en sus 65 años de fundación, al fallecimiento de Juan Amós Comenio (1592-1670), ocurrido hace 350 años, quien con sus obras majestuosas fundó el gran proyecto educativo de la modernidad, centrado en la educación para todos y la aspiración intelectual de formar a todos los humanos en condiciones de igualdad. El legado de este autor sigue fundamentando muchas prácticas de enseñanza que realizan los maestros tanto desde los principios generales de la educación, como desde la particularidad de las didácticas específicas.

Este año del maestro también coindice con el homenaje que nuestra Universidad rinde a Paulo Freire al cumplirse, el pasado 2 de mayo, 23 años de fallecido, a propósito de sus obras cargadas de esperanza y libertad, hemos adecuado el nuevo Centro Cultural de nuestra Universidad que recibirá su nombre y que albergará el Museo Pedagógico y nuestra librería. Así, la Universidad Pedagógica Nacional, como la casa de los maestros, continuará fortaleciendo su misión formativa de educar a los educadores del presente y del futuro, más aún en estos tiempos de emergencia, nos compete engrandecer el papel del maestro. Como diría Freire: “Enseño porque busco, porque indagué, porque indago y me indago. Investigo para comprobar, comprobando intervengo, interviniendo educo y me educo. Investigo para conocer lo que aún no conozco y comunicar o anunciar la novedad”. ¡Que vivan los maestros!

* Rector, Universidad Pedagógica Nacional.

@LeoMartinezUPN

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