“Queremos firmar la paz con este Gobierno”: Farc

Voceros de los países garantes y facilitadores del proceso de paz intervienen para instar a las partes a superar sus inamovibles y avanzar hacia un cese bilateral del fuego con verificación.

Representantes de los países garantes, Rodolfo Benítez, del gobierno cubano, e Idun Aarak Tvedt, de Noruega. Sentados en la mesa. / AFP

 

En una clara decisión de distensionar el ambiente del proceso de paz de La Habana, afectado por el recrudecimiento de la guerra en Colombia y los ecos de las declaraciones políticas de ambas partes, los voceros de los países garantes y facilitadores de la negociación política (Cuba, Noruega, Chile y Venezuela) instaron a las partes a mantener la mesa de diálogos y avanzar con celeridad hacia la consecución de acuerdos que permitan desescalar el conflicto y lograr un cese bilateral y definitivo del fuego.

A través de un comunicado leído por Rodolfo Benítez, representante del gobierno cubano, e Idun Aarak Tvedt, vocero de Noruega, los países garantes y facilitadores del proceso insistieron en que se necesitan medidas que construyan confianza y garanticen acuerdos sobre las cuestiones pendientes de la agenda de conversaciones, incluyendo la adopción de un acuerdo de un cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo y lo referido a los derechos de las víctimas.

La inusual intervención de los delegados se produjo en medio del ciclo 38 de diálogos, que se desarrolla desde el pasado 17 de junio, a bordo de la más difícil coyuntura para el proceso de paz. “Cuba, Noruega, Chile y Venezuela reafirman su compromiso de continuar contribuyendo al avance de las conversaciones y la adopción, en el menor tiempo posible, de un acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera en Colombia”, concluyó el pronunciamiento.

Al tiempo que se instaba a Gobierno y guerrilla a superar sus inamovibles, el jefe negociador de las Farc, Iván Márquez, leyó un comunicado para responder a la entrevista concedida este fin de semana por el jefe del equipo negociador del Gobierno, Humberto de la Calle, quien admitió que en La Habana se vive el momento más difícil en los más de dos años de negociaciones de paz y que, como van las cosas, un día no los van a encontrar en la mesa de negociación.

“No queremos hoy darles espacio a las voces agoreras del fracaso de los diálogos, ni a la desmesura de las palabras de quienes, teniendo en sus manos la sagrada responsabilidad de construir la paz, flaquean frente a las adversidades, usan tonos de ultimátum y amenazan con abandonar la búsqueda de la reconciliación”, dijo el jefe insurgente, quien insistió en que se necesitan voces optimistas y “no la desesperación motivada por las encuestas y los afanes electorales”.

“Tenemos que cuidar este proceso como la niña de los ojos, que comparado con otros puede convertirse en el más corto de todos los ocurridos en el mundo. Deseamos firmar la paz con este Gobierno, pero es preciso retirar la enredadera jurídica atravesada en el camino y, sobre todo, esa veleidad de sometimiento que no permite ver que son dos partes las que están sentadas en la mesa y que este conflicto tiene una profunda base política”, señaló Márquez.

El comandante insurgente señaló al Gobierno como el responsable de la intensificación del conflicto armado, que desde hace más de un mes ha cobrado la vida de decenas de uniformados y guerrilleros, pues en su criterio no valoró la tregua unilateral decretada por las Farc en diciembre de 2014. “En manos del Gobierno y de las Farc está la posibilidad de poner punto final, desde ya, a los choques armados y a las hostilidades. Se trata de un asunto de voluntad política que no se puede condicionar a exigencias de sometimiento penal, ni a exigencias prematuras de concentración de la guerrilla, ni de dejación de las armas”, agregó.

“A esto hay que ponerle perseverancia y mucho sosiego. Despotricar de la contraparte, como se ha hecho en estos días, es una forma de debilitar la esperanza y la credibilidad en el proceso. Hay que decirlo claramente: nadie puede ocultar que tenemos tres acuerdos parciales, que avanzamos en la redacción de un nuevo acuerdo sobre víctimas, que la descontaminación del territorio de artefactos explosivos está en marcha y que las discusiones en la subcomisión técnica van por buen camino”, puntualizó el jefe guerrillero.

Humberto de la Calle manifestó claramente que, respecto al cese bilateral de fuego propuesto por las Farc, el Gobierno estaría dispuesto a adelantarlo, pero con condiciones de concentración y verificación internacional. “Al principio, la posición del Gobierno era que el cese del fuego sólo ocurriría con el acuerdo. Hemos cambiado. Estamos dispuestos a aceptar un cese del fuego, antes de la firma de un acuerdo, en la medida en que sea serio, bilateral, definitivo y verificable. Siempre y cuando tengamos garantía de que ellos asumen su responsabilidad en materia judicial y verificación nacional e internacional”.

Paradójicamente, quien terminó por tirar la propuesta que ha hecho reflexionar al Gobierno sobre este espinoso asunto fue el expresidente Álvaro Uribe, detractor de los diálogos de paz. Según él, la única manera de conseguir un avance en el proceso es que la guerrilla se concentre en zonas específicas, así sea con armas, pero con el compromiso de dejar de delinquir. Hoy esa propuesta constituye una fórmula viable para avanzar hacia el fin del conflicto, y de paso permitiría ambientar el aterrizaje del uribismo en la mesa de diálogos.

Desde Antioquia, el gobernador Sergio Fajardo calificó esta estrategia como audaz para enfrentar uno de los aspectos más difíciles del proceso de paz. Sin embargo considera que no es el momento de pactar un cese del fuego, pues antes deben concretarse otros pasos. El cese bilateral no es posible sin que se haya construido confianza, insistió el funcionario, y dio un giro a la propuesta: que la concentración sea de carácter regional, es decir, que las estructuras insurgentes se concentren en las mismas zonas donde hoy operan.

A este cruce de fórmulas se añade el punto de vista del experto en desarme, desmovilización y reintegración Cornelis Steenken, un canadiense que participó en los acuerdos de paz de Centroamérica y para quien la salida de la actual encrucijada se encuentra en la mesa de diálogos. Primero que todo, a través de la reactivación, por parte de las Farc, del cese unilateral de fuego, como una cuota inicial para sembrar confianza. Segundo, con la concentración de las unidades guerrilleras en zonas estratégicas, con verificación internacional y medidas de seguridad para las Farc.

Por ahora, las Farc y el Gobierno avanzan en la implementación de la única medida de desescalamiento de la guerra pactada en la mesa de diálogos: el programa de desminado humanitario. Como lo informó El Espectador, el pasado lunes arribaron a la zona de El Orejón, municipio de Briceño, (Antioquia), el grupo de funcionarios de los países garantes, la ONG Ayuda Popular Noruega, la delegación de las Farc y los soldados del Batallón de Desminado Humanitario (Bides), con el fin de dar inicio a la segunda fase del plan piloto de desminado.

La idea es que durante dos meses, aproximadamente, explosivistas de las Farc, expertos militares en desminado y civiles especializados en la materia van a sacar más de 300 minas antipersonales y artefactos sin estallar que hoy están sembrados en los caminos de la comunidad. Una medida que busca generar confianza entre las partes, para permitir el avance de la discusión hacia otras posibilidades de desescalamiento del conflicto armado. El asunto es crucial para que el proceso de paz se convierta en avances tangibles para la gente.

El actual ciclo de diálogos continuará hasta el 13 de julio y está concentrado en la búsqueda del acuerdo definitivo sobre el tema de las víctimas, un punto que lleva más de un año sin luz verde definitiva, precisamente porque se trata del paso crucial hacia el fin del conflicto armado. Sin embargo, de esta discusión surgió la comisión de la verdad, instrumento fundamental para que se definan aspectos básicos de la cuestión de las víctimas y de la terminación del conflicto.