Por: Sorayda Peguero

Queridas mías

Miren a esa niña curiosa con las uñas llenas de tierra. Acaba de descubrir una corte de ángeles de yeso, mutilados y tristes, arrojados a la superficie del jardín por la furia de una vaguada. Quiere ser arqueóloga. Quiere saber dónde esconden las cigarras su portentosa bocina. Quiere escribir cuentos espeluznantes, como los de Horacio Quiroga. Quiere ser pianista y ofrecer recitales nocturnos con el pequeño piano de cola que les pidió a los Reyes. Quiere una melena al viento: Juana debería dejar de enroscarle el pelo en tres moños. 

Quiere ser como Jo, la de Mujercitas, y como Anne Shirley, la de Tejas Verdes. Quiere ser tan intrépida como Candy. No importa que los varones digan que Candy es “un cuero”. Le preguntó a una prima qué es un cuero. “Una mujer de la calle”, dijo. ¡Ah! Entonces quiere ser un cuero. Que todas las calles, desde el umbral de su casa hasta el puerto y los cañaverales, sean suyas.  

Quiere menear la cintura con la fuerza sísmica de Francis Rosario, que se tambalee el mundo con cada movimiento. No importa que ciertas señoras digan que esos golpes de cintura son cosas de “niña mala”. (Por cierto, ¿a dónde van las niñas malas cuando mueren?). Quiere que su buena racha bateando en los campeonatos de pelota no se acabe nunca. Quiere aprender a pintarse las uñas de la mano derecha. Quiere tener un encuentro íntimo con el mar, deslizarse por la trenza espumosa de una ola.

Quiere sobrevolar el barrio a lomos de un dragón blanco de la suerte. Sabe, sin saber que lo sabe, que hay que caminar de espaldas a la realidad para conocer lo fantástico. Los grandes querrán moldear sus gustos, sus expectativas y sus miedos (infundir miedo a temprana edad es un modo efectivo de pisotear el alma humana). Si quiere esquivar el peligro que supone enterrar sus deseos, tendrá que pelear como una fiera. Será una batalla difícil. Le dirán, una y mil veces, que debe seguir la secuencia natural de la vida: lo esperable. Los grandes suelen creer que saben más de lo que en verdad saben. Han olvidado cómo se camina al revés.     

Las niñas que tiene en su cabeza son muchas. Quiere reunirlas en un baile de debutantes que va a celebrarse en su reino. Eso sí, absténganse chambelanes y chaperonas. Ella y todas sus versiones serán las únicas invitadas. Estrechará las manos de cada una, como una comisaria que pasa revista a sus fuerzas: ellas son su fuerza. Para animar la velada, bailará descalza La bella cubana de José White, y pronunciará unas palabras poniendo su mayor empeño en imitar el habla de un caballero andante: 

—Esta es vuestra vida, queridas mías. Aprovechadla. Vividla como mejor podáis y, ¡ojalá!, como queráis. Recordad las palabras del sabio portugués que dijo que la vida es breve, pero que en ella cabe mucho más de lo que somos capaces de vivir. El mundo os espera. Imaginad que es todo vuestro.

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