Por: Luis I. Sandoval M.

Queridos venecos

Esta breve carta es para saludar y abrazar a todos los venezolanos y colombo-venezolanos que están llegando por miles, en familia, a raíz de la situación en el hermano país. Bienvenidos hombres y mujeres, viejos, jóvenes y niños. Colombia tratará de darles el apoyo necesario porque por muchos años, en tiempos pasados, Venezuela recibió a millones de gente nuestra que se fue allá en busca de oportunidades de vida y de trabajo que aquí no encontraba.

Tenemos una gran deuda histórica con ustedes pero, además, en el pasado más cercano, tenemos que reconocer que sin la  cooperación de Venezuela, y la de Cuba, la superación de nuestro conflicto armado interno no hubiera  sido posible. Nadie negará nunca que los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro fueron firmes en el compromiso con la paz de Colombia. Aparte de diferencias, ese reconocimiento está vivo en el pueblo colombiano y debe estarlo también en el gobierno del Presidente Santos que termina y en los gobiernos  venideros.

Permítannos decirles que nos duele mucho lo que pasa allende la frontera: la confrontación extrema, las muertes, la escasez de bienes básicos de consumo, los graves problemas económicos a pesar de que Venezuela sigue siendo uno de los países más ricos del mundo en hidrocarburos. Cuando la economía no funciona para satisfacción de las necesidades básicas se debilita necesariamente el poder político.

En los primeros tiempos de la Revolución de octubre Lenin fue consciente de ello y de ahí lo que en la Unión Soviética se llamó Nueva Política Económica, NEP (1921-1928). Esta ineludible relación entre economía y política la recordó hace pocos días, de manera muy acertada, el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera.

Aquí en Colombia, cuando, por fin, está llegando la hora de construir nuestra paz, no podemos aceptar que sea Venezuela la que corra el riesgo de caer en una situación de violencia. También nos interesa que nuestro vecino y hermano más cercano viva en paz, ambos pueblos se merecen y necesitan la paz. Paz interna y paz externa. Por supuesto paz democrática, paz con dignidad nacional, paz con ganancia para todos. En manera alguna puede aceptarse que las potencias y sus organismos de inteligencia intervengan imperialmente en Venezuela. Ningún tipo de intervención es tolerable, ninguno saludable. La autodeterminación del pueblo venezolano es la base de cualquier solución.

Esta misiva es también un vehemente llamado al Gobierno y al pueblo de Venezuela, a quienes comparten el proyecto bolivariano y a quienes se oponen a él, para que encuentren la manera de entenderse a fin de no retroceder en los grandes logros de índole social alcanzados en los últimos 20 años, al tiempo que logren adoptar reglas de juego y dar pasos sucesivos para que sea el proceso político en pluralidad y en democracia el que dé trámite a las afinidades y diferencias. Hoy en el mundo, después de las experiencias del siglo XX, está claro que la búsqueda de la igualdad debe hacerse compatible con la preservación de la libertad.

Venezuela no puede convertirse en otro foco de tensión mundial. Preocupa mucho el anuncio de maniobras militares en las que participarán países lejanos. Ni Estados Unidos ni Rusia tienen por qué meter las manos en Venezuela.

América Latina tiene experiencia en constituir grupos de países ad hoc cuando en la región una situación determinada lo requiere ante la incapacidad de los organismos tradicionales para construir soluciones concertadas a problemas bilaterales o multilaterales.     

Los acompañamos, queridos venecos, en la búsqueda de soluciones soberanas, pacíficas y democráticas. Siempre, siempre, seremos hermanos solidarios en las buenas y en las malas.

[email protected]

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Luis I. Sandoval M.

¡Belisario!

¿Quién es Petro?

Luis Emiro Valencia, comunales y paz

Gobierno Duque: 100 días en la cuerda floja (I)