Por: Santiago Montenegro

¿A quién beneficia el gasto?

Oxford, Reino Unido. Un grupo de países de América Latina acaba de completar un ciclo asombroso de unos 15 años durante los cuales bajaron los niveles de pobreza y de miseria y, en varios de ellos, como Colombia, la salud alcanzó una cobertura prácticamente universal.

Pero, quizá, el resultado más sorprendente fue la  caída en la desigualdad, medida por el coeficiente de Gini, un índice que varía entre cero y uno: cuanto más cercano a cero, la distribución del ingreso en un país es más homogénea. Y cuanto más se acerca a uno, la distribución es más inequitativa.
 
Perú fue uno de los países que más mejoraron la distribución del ingreso, pues allí el Gini cayó unos ocho puntos, situándose en 0,44. En Colombia, este indicador cayó unos 4 puntos, en el período 2000-14, una caída significativa, aunque su nivel sigue siendo aún demasiado elevado: 0,54. En tanto parece existir un acuerdo entre los analistas en torno a la dirección y el tamaño de estos cambios, no parece haber un consenso sobre las causas que los propiciaron. Congregados en un seminario en honor a la profesora de la Universidad de Oxford Rosemary Thorp, un grupo de académicos y analistas del Reino Unido, Estados Unidos y América Latina discutimos en días pasados si estas mejoras fueron realmente una consecuencia de políticas activas de los gobiernos o si fueron un poco resultado del azar. Porque, no cabe duda, el período de mejora de los indicadores sociales fue también de un nivel muy alto de los términos de intercambio comerciales, lo que ayudó a un gran crecimiento del ingreso per cápita y de los recursos fiscales de los gobiernos, especialmente en aquellos países ricos en recursos naturales. Además, todo el período coincidió con unas tasas de interés muy bajas a nivel internacional y con una bonanza de inversión extranjera directa jamás vista.
 
El argumento a favor de los gobiernos como agentes propiciadores de estas mejoras se sustenta en el hecho de que el aumento en el gasto público en salud y educación comenzó en la década de los noventa, antes de la mejora en los términos de intercambio. Sin embargo, otras cifras tienden a cuestionar la capacidad de los gobiernos para mejorar los indicadores sociales. Por ejemplo, un estudio del Banco Mundial sustenta que, antes de impuestos y de transferencias monetarias, los coeficientes de Gini del Reino Unido y otros países europeos son muy similares a los de América Latina. Sin embargo, después de impuestos y transferencias monetarias, los coeficientes de Gini se desploman en Europa, indicando que la distribución del ingreso mejora, en tanto en países como Colombia y Perú permanecen en sus niveles originales. Por otro lado, otro estudio del Banco Mundial argumenta que en Colombia un 39% de los recursos de Familias en Acción van a sectores que no son pobres, otro trabajo de Roberto Steiner sostiene que un 60% de los subsidios al sector cafetero se fueron a los cafeteros ricos y otra publicación reciente señala que sólo el sistema de reparto de pensiones desmejora el Gini en dos puntos .No parece haber duda, entonces, de la urgente necesidad de incrementar la eficiencia y la transparencia del gasto público social. Los ciudadanos tenemos el derecho a conocer quién se está beneficiando con unos recursos públicos crecientemente escasos.
Buscar columnista

Últimas Columnas de Santiago Montenegro

Una miserable campaña

El gran desafío

Una revolución ciudadana

¡Libertad para Nicaragua!

Un gran colombiano