¿Quién dijo intelectuales?

Leo, cuando lo consigo, y cuando mis achaques dan pausa, la edición dominical de El Espectador, como hace más de cincuenta años. Esta vez, el diario de don Fidel Cano me suscitó la pregunta: ¿qué se entiende por intelectual?

En la columna de Armando Montenegro (El Espectador, domingo 29 de junio, p. 53), titulada, ‘Cien intelectuales’, se nos cuenta que dos revistas acaban de elegir, además, cosa que el columnista no dice, por votación popular, cien intelectuales. Se nos dice que son las personas más influyentes del mundo, y por allí pasan sobre todo politólogos, economistas, religiosos, y no pocos periodistas.

No se nos dice que el “ganador” de este frívolo concurso es un menganito llamado Fethullah Gülen, un supuesto modernizador teológico-político turco. No se nos cuenta que de los 100, 36 son norteamericanos (caramba, qué coincidencia…). No se nos dice qué se entiende por intelectual (hay varias definiciones) ni tampoco por qué la mayoría de los “elegidos” son justamente lo contrario a un intelectual. Sorry general Petraeus…

Me tomé el trabajo de leer los artículos de las dos revistas mencionadas en la columna. La primera, Foreign Policy fue fundada en 1970 por Samuel Huntington, norteamericano politólogo, recordado por su libro El choque de las civilizaciones, que tiene el (gran) mérito de ser uno de los combustibles ideológicos de Bush y la derecha neoconservadora norteamericana. Recordado también por decir que Estados Unidos enfrenta una “pesadilla hispanoamericana”, debido al auge de la inmigración latina, que, según él, infunde censurables valores en Norteamérica, como lo son la religión católica, la lengua española y los nachos mexicanos. Huntington y su revista, Foreign Policy también son célebres por su ranking de los Estados colapsados. No es pura coincidencia entonces que entre sus “100 intelectuales” esté él mismo.

 La clasificación de esta revista debería ser más bien de “100 ideólogos”, pues salvo algunas excepciones (sobre todo el filósofo Zizek, en un “digno” puesto 25), que Montenegro se abstiene de mencionar, o simplemente no conoce, la gran mayoría de los “personajes” están ligados al “establishment” dominante en el mundo. Pero lo más indignante de todo es que esta revista se atreva siquiera a nominar o a postular o a aceptar al general Petraeus (no se escribe Patreus, señor Montenegro), jefe militar de Estados Unidos en Irak.

Por lo menos, en ese punto, sé que no hubo ningún iraquí que votó por él, ni ninguno de los millones que marchamos contra la guerra en Irak en 2003. En todo caso, el general Petraeus ocupa un “honroso” lugar 65 en el ranking mundial. No está mal para un genocida de ese tamaño, ¿no? (eso sí, me atrevo a postularlo para los “100 genocidas” vivos, y creo que puede pelear los cinco primeros lugares…). Parece una broma, pero no lo es. Más increíble aún es que al columnista esto le parezca normal.

La segunda revista es británica y se llama Prospects. El columnista habla de la lista elaborada por las dos revistas en conjunto, sin ningún criterio, más allá de decir que es “cuestión de gusto” y de no aburrirse. Nuevamente, vox populi, vox dei. Es conveniente sugerir que se confunde “intelectual” con “influyente”, pero no se piensa o no se recuerda la larga historia que ha recorrido este concepto, a partir del Affaire Dreyfus en Francia, a finales del siglo XIX (ver Gramsci, Sartre, Foucault, Deleuze, Edward Said…). Intelectual es quien tiene una visión crítica de la sociedad, quien no se “amarra” a un poder o ideología establecida, quien tiene una visión humanística (y no simplemente una acumulación de conocimientos técnicos), quien discute públicamente temas que parecen tabú, o que son invisibilizados, etc.

Actualmente, “el intelectual”, en particular el intelectual de izquierdas, parece ser una especie en vías de extinción, según el filósofo francés Alain Badiou. ¡Althusser ha muerto… que viva Matt Groening! A mí me parece que deberíamos buscarlos en escenarios impensados hace 100 años, como el cine, los dibujos animados o el rock. Bienvenido el debate sobre “los intelectuales”, pero no en términos de “gusto” o de “aburrimiento”. A ese paso, al lado del general Petraeus (que curiosa cercanía con “pútrida patria”), tendría que estar Britney Spears, Maradona, Don Jediondo, Amparo Grisales, cualquier presentadora de farándula, o cualquier vedette superficial.

Ojalá que los columnistas se tomaran el trabajo de contextualizar sus lecturas y escritos para el público en general, y no creyeran que sus conocimientos particulares (le sucede sobre todo a los economistas) son en sí mismos de dominio público y de carácter humanista. Ojalá hubiera más ensayos que columnas. Más intelectuales y menos politólogos y economistas.

Y alguna posdatas:

1- Mi voto por Matt Groening, el creador de los Simpson. Dentro de los 100 intelectuales, incluiría a los 100 personajes de los Simpson, cada uno como un arquetipo de nuestra vida (pos)moderna.

2- Si hay tantos (pro) malpensantes en Colombia, ¿por qué no hay un solo “intelectual” colombiano en la lista? ¿Será que tienen que dejar de hacer(se) tantos elogios a “la paja” en privado y en público, en varios sentidos,  y “des-soho-sizarse”?

3- Intelectuales latinoamericanos, varios: Monsivais y Carlos Fuentes, Sábato, Alberto Manguel, Eduardo Galeano, no aparecen.

 4- Alter-intelectuales mundiales: Bob Dylan, Joaquín Sabina, Charly García, Lars Von Trier, Woody Allen, Kim Ki Duk, Kenzaburo Oé, Peter Sloterdijk, Peter Brook, Chico Buarque, Michel Onfray, Manu Chao, Andrés Calamaro…

 Fernando Gómez Gómez. Santa Fé de Antioquia.

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