Por: Iván Mejía Álvarez

¿A quién engañan?

La FIFA, con Infantino al mando, brega, lucha, lo intenta, pero no convence a nadie en sus declaraciones de transparencia, equidad, limpieza del nombre que en su momento enlodaron los Havelange, Blatter, Grondona, Léoz y demás bandidos que durante años se robaron el dinero del fútbol y convirtieron la entidad en una cueva de asaltantes que desfalcaron millones y millones de euros.

Siguen dando de qué hablar, siguen dejando señales de que la transparencia es de puertas para afuera, que el maquillaje es un pretexto para seguir engañando. El negocio sigue vivito.

El Mundial de 48 equipos, todo un esperpento deportivo, significará que por América del Sur acudirán seis equipos con todos los derechos y que otro equipo peleará una séptima casilla mediante un repechaje que ya se sabe cómo la montan y será contra un ignoto de Oceanía o de Asia. En la Conmebol participan diez federaciones nacionales en la búsqueda de los cupos al Mundial. Aumentar a seis, con mucha posibilidad que sean siete, significa que el 70 % ya está clasificado. Montar una eliminatoria de tres años, para dejar por fuera tres selecciones, resulta ridículo en el aspecto deportivo. Es tan absurdo como esos Suramericanos que organiza la Conmebol donde pasan seis equipos al hexagonal final y se juegan una cantidad de partidos en la fase eliminatoria para que queden cuatro por fuera. Muchísimos partidos para repartir el botín.

Tampoco parece lógico que la FIFA vaya a entregar el premio The Best al jugador del año en el mes de octubre. Toda la vida ha sido en enero para contabilizar lo que se hace durante toda la temporada, pero este año determinaron que será en octubre. Hace dos años alargaron el plazo de votaciones a la espera de un Portugal-Suecia para decantar la votación a favor de Cristiano. Ahora el mensaje parece estar determinado solo por el calendario europeo y fundamentalmente por la Champions. No importan otros resultados del año.

Felicitaciones a la colombiana María Claudia Rojas por su nombramiento en la comisión ética de la FIFA. Empero, nadie explica por qué sacaron a un inglés y un alemán que lideraban las investigaciones en el fifagate, lo que significa que les pusieron el freno a las posibles sanciones para quienes han pasado de agache hasta ahora. Ella no tiene la culpa, pero sería bueno que como presidenta de la comisión no engavetara lo que han hecho los investigadores.

Como dicen por ahí: “El fútbol antes era del pueblo. Ahora es negocio de los directivos” y por más que lo intenten, Infantino y su corte no logran hacernos creer que son diferentes.

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