Por: Luis I. Sandoval M.

¿Quién gobernará a Bogotá?

Bogotá es una ciudad singular.

La más diversa, la más rica, la de mayor inversión social, la de menos asesinatos por mil habitantes, la ciudad que en dos décadas largas - después de la Constitución de 1991 que abrió posibilidades a expresiones políticas no tradicionales - ha tenido más gobiernos de signo independiente.

Bogotá es una ciudad apetecida. La gente del campo quiere venirse a Bogotá por las mayores oportunidades para todo, la porción más grande de cinco millones de desplazados ha llegado a ella por las mayores posibilidades de sobrevivir, los emprendedores montan proyectos porque encuentran infraestructura financiera y de servicios muy completa.

Bogotá es una ciudad disputada. Por lo anterior se la pelean los poderes políticos. Su presupuesto es un aliciente para la voracidad clientelista. El poder del Alcalde Mayor lo constituye en la segunda autoridad después del Presidente de la República. Ganar elecciones en la ciudad es una demostración de inmensa capacidad política y a menudo un escalón hacia la Presidencia.

De mano de la izquierda, de Bogotá Sin Indiferencia a la Bogotá Humana, la ciudad ha dado, en doce años, saltos sin precedentes sobre todo en educación y salud, y ha instalado referentes innovadores para la gestión de la ciudad-región como hacer del agua el eje de su ordenamiento territorial. Ello no obstante escándalos de enorme impacto como el del cartel de la contratación y agitadas controversias como la desatada por la destitución del alcalde actual ante una política inspirada en la defensa de lo público.

Subsiste la percepción de inseguridad, el manejo de la movilidad sigue presentando serias dificultades y Bogotá, como todo el país, experimenta los problemas derivados de la modalidad de desarrollo económico imperante implacablemente depredador de comunidades y naturaleza. Sin embargo, esto mismo resalta aún más las conquistas sociales en el Distrito Capital.

¿Quién gobernará a Bogotá a partir del próximo 25 de octubre? ¿Seguirán las fuerzas alternativas o volverán las fuerzas tradicionales? Hay que hacer la pregunta de esta manera, en plural, porque la responsabilidad no es solo de una fuerza, partido o movimiento, ni siquiera de la fuerza gobernante, sino de izquierdas, progresistas e independientes que forman el gran conjunto alternativo.

Ya está planteada una multiplicidad de aspiraciones, los nombres que las encarnan son de valía indiscutible: Hollman Morris, María Mercedes Maldonado, Guillermo Alfonso Jaramillo, entre los Progresistas; Carlos Vicente de Roux, Antonio Sanguino y Enrique Peñalosa, entre los Verdes; Clara López en el Polo; el ExDefensor del Pueblo Eduardo Cifuentes quien al parecer presentará su nombre por la Alianza Social Independiente.

Esta multiplicidad puede resolverse por acuerdo o por adhesión. En concepto de muchos lo deseable, en perspectiva de victoria, sería que cada partido decida su precandidato/a y que luego se aplique entre los seleccionados una forma justa de definición que asegure el apoyo de todos al ganador o ganadora. Otros piensan que es posible un aluvión de adhesiones a una de las precandidaturas y, en ese caso, no se requeriría acuerdo, ni encuesta, ni consulta.

Si la idea de los aspirantes fuera llegar hasta el final para posicionar “proyectos políticos”, un cuarto triunfo alternativo se volvería extremadamente difícil. El proyecto válido es el común, el que representa un sentido estratégico de poder para el cambio social. Ese tiene futuro, lo demás son flores de un día.

Bogotá es oportunidad de jugar en grande, generosa y visionariamente. La paz requiere que Bogotá continúe gobernada por fuerzas alternativas corrigiendo innegables falencias. El gobierno de la capital puede ser antesala del nacional. Lo único que tiene la izquierda no puede perderlo.

[email protected] @luisisandoval

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