Por: Ricardo Bada

¿Quién inventa los chistes?

Leí cierta vez una brillante columna de mi exegeta y sin embargo amigo, el paisa Óscar Domínguez, donde se preguntaba que quién inventaba los chistes. Y la verdad es que no tenía respuesta para ello.

Sólo una muy general, la de que “quienes inventan los chistes son Fulanos de Tal hechos para el anonimato. Menganos que tiran el chiste y esconden la identidad. La publicidad no es su fuerte. Libretistas desconocidos del buen humor, no andan detrás del pedestal que perpetúa genios o ingenios. El olvidato es su hábitat".

Por mi parte yo sí creo saber de dónde nacen los chistes, al menos los mejores, y sobre todo los políticos. Para mí no es un secreto que todos esos chistes se originan en una de las oficinas más secretas de los servicios llamados de inteligencia. Sí, sí, no se asombren, el chiste es uno de los rubros más rentables del presupuesto estatal. Y les voy a explicar por qué.

Hace siglos que los gobernantes descubrieron el valor del humor como válvula de escape de un pueblo descontento. Y si hay una verdad que no admita recortes es que no existió ni existe en ningún lugar del mundo, en ningún régimen, un pueblo entero contento con sus gobernantes. Cosa distinta es que haya sectores ciudadanos que los acepten, porque converjan sus intereses. Les desafío a que me pongan un ejemplo que contradiga lo que acabo de afirmar.

Nada más sencillo que reclutar entre la población a los individuos de más ingenio cómico y garantizarles un buen sueldo por no hacer otra cosa que inventar chistes, incluso (o sobre todo) contra el régimen, y ponerlos en circulación, con la garantía de una perfecta impunidad por parte del mismo Estado que les paga por ridiculizarlo.

¿Se han escuchado alguna vez en España más chistes antifranquistas que en los tiempos del general Franco? Yo los he contado en público en los peores tiempos de aquel régimen inferiocre, algunos hasta imitando la vocecita clueca y anticarismática del tétrico general. Nunca me pasó nada, nadie me llamó nunca la atención, todos se rieron, hasta los policías... aunque sus risas no me parecieron jamás sinceras: según mi teoría, ellos ya conocían esos chistes, y uno de sus cometidos era que circulasen cuanto más mejor, para que la válvula de escape estuviese siempre activada.

Ya sé que al principio esta idea que acabo de exponer les debe parecer aventurada, o quizá nada más que una broma. Pero piénsenla despacito. Terminarán por darme la razón.

 

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