Por: Esteban Carlos Mejía
Rabo de paja

¿Quién le pone el cascabel a Uribe?

Las coaliciones electorales están de moda. O se van a poner. La UP (Uribe-Pastrana) ya empezó a hacer sus triquiñuelas. Cuatro o cinco precandidatos de centro izquierda se fueron a comer (perdón, a cenar) al apartamento de uno de ellos. Vargas Lleras le pegó un coscorrón al director de su partido por obviarle la posibilidad de aliarse con otras pandillas de derecha. Etcétera. Sin embargo, hasta ahora casi nadie ha hablado de la coalición que, en mi opinión, se necesita con urgencia: una coalición antifascista, o sea, una coalición antiuribista. ¿Quién le pondrá el cascabel a Uribe?

Los críticos que más menosprecia el capataz no son políticos profesionales sino periodistas y columnistas: Daniel Samper Ospina, Antonio Caballero, Cecilia Orozco, Daniel Coronell, Yohir Akerman, Vladdo, Matador, Mheo, Mico, Bacteria. A todos los quiere chuzar. A uno le grita: ¡Payaso! A otro lo acusa de extraditable, sin serlo ni parecerlo. A los demás les dice —a veces in péctore, otras a los gritos— pintamonas, mamarracheros, enmermelados, castrochavistas y, cómo no, terroristas de lafar. Vive a punto de darles en la cara, marica. Ninguno es precandidato. Ninguno será candidato presidencial. Entonces, ¿quién le pondrá el cascabel al gato? Porque, así como hay uribistas purasangre, debería haber antiuribistas de racamandaca.

¿Petro? ¿Ya se olvidaron de que votó en el Senado por el sacristán Ordóñez, dizque por su defensa de los derechos humanos? ¿Clara López? ¡Pero si fueron novios! Y donde hubo fuego, quedan cenizas, según el refranero paisa, tan jodido él. ¿Piedad Córdoba? Ternurita, la negra. Uribe le dio unos picos en Riohacha y ella casi se derrite: que tenemos que oír al “presidente Uribe”, que su opinión es respetable, que a lo mejor (¡a lo peor!) tiene razón en algunos puntos.

¿Jorge Enrique Robledo? Hilemos delgadito. Hace unos meses al capataz, con su oportunismo de megapromoción del Éxito, le dio por apoyar (de palabra) el paro de algún sector productivo. Le pidieron su opinión al camarada Piquis y él replicó que Uribe no le daba ni calor ni frío. ¿En serio? Su frigidez teórica le hace creer que, por ejemplo, Santos (derecha) y Uribe (extrema derecha) son iguales. Una entelequia política que viene desde la época de la pre-Revolución sandinista, hacia 1979, cuando los militantes del MOIR coreaban (coreábamos) una consigna a todas luces disparatada: ¡Turbay… Somoza, la misma cosa! ¿Calor o frío? A mí, como a millones de colombianos, Uribe me da escalofríos.

¿Fajardo? No me hagan reír. Hace varios años afirmó que él no es uribista ni antiuribista. O sea, que él no está a favor de los falsos positivos ni en contra. No está a favor de las chuzadas del DAS a la Corte Suprema de Justicia ni en contra. No está a favor de la seudo Seguridad Democrática ni en contra. No está a favor de Agro Ingreso Seguro ni en contra. No está a favor del modelo Carimagua ni en contra. No está a favor del “Estado de Opinión” ni en contra. No está a favor del “todo vale” ni en contra. No está a favor de los recortes a las horas extras de los trabajadores ni en contra. No está a favor de la ultra derecha ni en contra.

Estamos en la inmunda. Solo nos quedan dos cartas en la baraja: Claudia López y Humberto de la Calle. ¿Cuál de los dos le pondrá el cascabel al gato mentiroso?

Rabito: Lo digo de corazón (y con la razón), yo a Álvaro Uribe Vélez no le tengo odio. ¡Le tengo asco! Mucho. ¡Muchísimo!

Rabillo: ¿Se dice la visita del papa o la venida del papa?

@EstebanCarlosM

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