Por: Catalina Ruiz-Navarro

¿Quién le teme al paro nacional?

El aire en Colombia huele a represión. El martes 19 la fuerza pública realizó allanamientos, incautaciones y capturas irregulares a casas de activistas y colectivos (entre ellos el colectivo feminista Degénero) en Cali, Medellín y Bogotá. Un grupo de 12 policías llegó a las oficinas de la revista Cartel Urbano para hacer un allanamiento, según explicaron, por estar “incitando a la marcha”. Les incautaron pinceles, stickers, pintura y computadores a varios integrantes del colectivo artístico que participó en la realización del mural “¿Quién dio la orden?”, y así en simultáneo en las ciudades más grandes del país.

Desde hace un par de días, Bogotá está militarizada, en redes sociales se ven videos de cómo el Ejército tiene cercada la Universidad Javeriana, de cómo frente a la Universidad Nacional quitaron carteles que denunciaban a los 18 niños y niñas bombardeados por la fuerza pública y, aunque se supone que el Ejército no estará en la marcha, José Obdulio Gaviria le ha pedido públicamente al presidente Duque que “debe reaccionar con toda la energía, impedir cualquier desmán, proteger a la ciudadanía mediante el ejercicio de la fuerza cuando haya violencia, cuando haya intentos de incendio, cuando haya intentos de destrucción de locales, intentos de atacar a Transmilenio o el metro de Medellín, o de atacar a las personas que se opongan a las expresiones de violencia”. Lo que Gaviria está diciendo es que los ataques a la propiedad pública y privada justifican el empleo de la fuerza represiva del Estado contra la ciudadanía que sale a ejercer un derecho fundamental como protestar. También se interpuso una demanda frente al Tribunal de Cundinamarca para frenar la marcha y hasta se habla de declarar estado de conmoción interior. En resumen: aquí hay mucho, muchísimo miedo, pero por parte del Gobierno.

El discurso del uribismo es que los y las marchantes son “idiotas útiles” que quieren “desestabilizar al Gobierno”, pero el argumento es diciente, porque es evidente que este Gobierno se desestabiliza solo y porque si quienes protestamos estamos siendo utilitarios a alguna causa es a la de los derechos humanos. Y ese es justamente el problema: que el uribismo florece en la guerra y la desigualdad, que para mantener su poder político es necesario que la ciudadanía colombiana esté tan asustada que acepte un gobierno autoritario y se olvide de exigir uno garante de derechos. Mucho se llenan la boca los uribistas con críticas justas a la represión de la protesta política en contra del gobierno venezolano, pero dos días antes del paro salen a incautar cartulinas y pinceles, no vaya a ser que la gente ponga en palabras lo que tanto les está molestando.

¿Quién le teme al paro nacional? ¡El Gobierno! Duque está en el momento más vulnerable de su mandato —hasta ahora— y las causas que movilizan la protesta son legítimas y la solución a estos problemas es urgente. El nuevo presidente no sabe jugar póker y lo que nos grita este despliegue desproporcionado de represión y fuerza es que, ante la inminencia del paro, el Gobierno tiembla. No será sorpresa si hay represión a la protesta, la fortuna es que estamos a tiempo de ir preparadas, pero sobre todo juntas, porque la mejor resistencia ante los desmanes de la fuerza pública es la solidaridad y las redes. Y claro que el panorama es intimidante, pero que no se nos olvide ni por un minuto que hoy son ellos los que nos tienen miedo. La democracia se defiende en las urnas, pero se construye en las calles.

@catalinapordios

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2019-11-21T00:00:02-05:00

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