Por: Ana María Cano Posada

Quien lo ronda

Medellín luce codiciable. aquí está la joya de la corona que es Empresas Públicas. Parte considerable de sus utilidades va a la inversión social de la ciudad. También recibe, de empresas que alberga, un contingente de empleos e impuestos.

Aún siendo laboratorio social del sicariato, de los desmovilizados, las bacrim y el microtráfico de drogas, la alientan vientos de innovación, de ciencia: Medellín es enclave de artistas visuales, de escritores, de músicos, que logran una dialéctica a las contradicciones internas. Por eso la rondan turbias ambiciones que acechan la elección de alcalde. Uno de los candidatos repite. Luis Pérez Gutiérrez. Ingeniero graduado que acude a otros títulos no comprobados. Es ajedrecista por afición e inversionista por ocupación. Dice que su campaña es “del partido de la unión” y anuncia al presidente Santos cuenta de cobro por su apoyo a la campaña presidencial… Que si piensa en reelección deberá apoyarse en un alcalde propio en Medellín y Bogotá.

Es un polémico político que ha acumulado animadversiones de las que suele defenderse con demandas. Considera cada discrepancia una calumnia. Él dice que construyó el Metrocable y que pacificó la Comuna 13. Al ponerse al servicio esta ruta aérea a Santo Domingo, los pasajeros leyeron en las terrazas curiosos letreros de agradecimiento, en tono oficial, al “regalo” de Pérez. La ‘Operación Orión’ en octubre del 2002 por el Ejército y la Policía, que investigadores posteriores sindican también al Bloque Cacique Nutibara de los paramilitares, provocó 200 desaparecidos y una fosa común en un lugar llamado la Escombrera. Huellas de la faena. La gerente de EPM nombrada por Pérez compró una faraónica vajilla y dejó politizar la empresa más técnica de la ciudad. Él también desalojó Las Cuevas en Barrio Triste a las malas. 250 indigentes comenzaron a peregrinar por las calles sin mediar trabajo previo alguno con ellos. Confusos contratos de vigilancia de las instituciones educativas públicas y de alimentación en ellas son rasgos de su modo de obrar, que lo llevó a ganarse el apodo de Luis XV, no sólo por el estilo imperial sino por aquello del 15% que presumían era la aspiración.

En el empeño de llevar internet gratis, Pérez hizo que Empresas Públicas comprara a una empresa de computadores norteamericana, con equipos casi caducos para entregar en los colegios y el resto venderlos a suscriptores de servicios públicos. No logró más que aliviar el inventario de los vendedores. Por supuesto, también hizo obras como la doble calzada de Las Palmas que, con el tiempo se demostró, tenía ligeros estudios de suelos y la inestabilidad permanece. Cuando el Gobierno nacional hizo la desmovilización de los paramilitares, un número mayoritario apareció en Medellín y a Pérez lo salvó la campana del fin de su período por lo que no gestionó la solución que le quedó al sucesor, Sergio Fajardo. Herencia parecida fue toda la vigencia presupuestal del 2004, comprometida en contratos firmados el último día hábil del 2003, a la salida de la alcaldía Pérez.

Pero él llega con energía renovada. Sin pudor llama “Por el rescate de Medellín”. Con J.J. Rendón (el hombre de negro) de asesor y el aval de Liliana Rendón y Olga Suárez Mira, junto con otros de igual categoría. Luis Pérez promete segundo piso en autopistas y se vende como fórmula mágica con Álvaro Vásquez, gobernador. Dios nos coja confesados.

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