Sirirí

¿Quién mató a Celeste?

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Sí, sucedió en Cali, la capital de la salsa y el deporte. La ciudad que trata de levantar cabeza. La que han satanizado los medios, la que nunca produce buenas noticias y por eso se la tienen adentro.

Me dirán entonces que la ropa sucia se lava en casa. Que por qué debo ocuparme de temas que desprestigian a mi ciudad. Pero no puedo ocultar mi indignación frente a lo sucedido en día pasado, luego de que estábamos sacando pecho porque febrero registró el menor número de muertes en muchos años, reconociendo la labor que se viene adelantando para evitar que sigan corriendo los ríos de sangre en los que hemos navegado y nos hemos ahogado durante décadas y décadas.

Porque el caso de Celeste es distinto, comenzando por el nombre de esa inocente niña de un año que estaba en el parque de su barrio el sábado pasado cuando fue herida por lo que llaman una bala perdida y falleció ayer. Se sabe que unas barras bravas, o mejor criminales, de los equipos Cali y América, como es usual, se agarraron en una tremenda garrotera que primero fue a puñetazo limpio, luego con cuchillos y navajas, y finalmente con revólveres y pistolas.

Algunos de esos hinchas, o mejor asesinos, desenfundaron sus armas de fuego y en el cruce de disparos una bala se incrustó en la cabecita de la bebé y otra en un hombre de 25 años de edad, que se debate entre la vida y la muerte.

Al parecer hay un detenido como resultado de la investigación de rigor que se adelanta, quien ya debe tener un penalista bien jodido que seguramente lo pondrá libre con o sin fianza y terminará siendo declarado inocente, por falta de pruebas o vencimiento de términos.

¿Hasta cuándo seguiremos permitiendo la existencia y la asistencia de esas tales barras a las que se pretende resocializar, educar y volverlas gente de bien, si en ellas no hay más que resentimiento, delincuencia y podredumbre?

Acabemos con esa vagabundería y apliquemos la mano dura, pues es lo que hace falta para evitar que sigan sucediendo estos crímenes de lesa humanidad, que son una vergüenza para la raza humana.

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