Por: Columnista invitado EE

¿Quién pone la ciencia en el Ministerio de Ciencia?

Por Sebastián F. Villamizar Santamaría

El reciente debate en torno al artículo publicado en este diario acerca de la nueva ministra de Ciencia y Tecnología, Mabel Torres, ha generado unas discusiones claves para el país. Pero entre los debates que suscitó acerca de racismo y ética científica y periodística, que son fundamentales, hay una discusión más de fondo que ha pasado desapercibida: ¿qué tipo de ciencia es la que va a aceptar y estimular el Gobierno colombiano?

Las declaraciones de la ministra en ese artículo dieron para dos reacciones fuertes. La primera es la que lo denuncia como injusto o, incluso, racista. Que se le haya hecho un escrutinio tan fuerte a este cargo y no a los otros ministerios, la comparación con otros científicos más viejos y con más privilegios que ella como una mujer negra no tuvo, dio pie para que se evidenciaran unos sesgos de raza y género en la forma como se abordó el tema.

La segunda reacción cuestiona fuertemente el que Torres se haya saltado el método científico para comercializar una bebida que ella dice que puede curar el cáncer, sin tener evidencia validada en la comunidad científica. En una lógica del fin justifica los medios, dijo que no quería esperar los diez años que pueden tomar las pruebas clínicas para que la gente pueda tomar este producto, lo cual ha sembrado dudas en sus capacidades para dirigir el ente de política pública de ciencias en el país.

Este es un debate entre ancestralidad y ciencia como la conocemos en Occidente, en relación con cómo se produce conocimiento. Muchas prácticas de comunidades indígenas y negras alrededor del mundo no se basan en el método científico y no por eso son menos efectivas para prevenir o curar ciertas cosas. Muchos de esos pro ductos no pasan por ensayos clínicos, con publicaciones doble ciego y grupos de control. Se han hecho así históricamente, funcionan y tienen valor cultural.

La ministra abrió entonces, sin quererlo, una ventana para que la máxima autoridad de ciencia y tecnología del Gobierno se ponga a reflexionar seriamente sobre el tipo de ciencia que va a estimular y financiar. Pareciera que se abre para que saberes y prácticas no occidentales entren en los programas del Ministerio. Pero si otras formas de producción de conocimiento van a tener cabida, ¿abrirán convocatorias sólo para los productos ancestrales que tienen potencial para patentar algo y que curen enfermedades?

La ministra Torres tiene en su poder abrir de par en par esa ventana y reflexionar sobre qué clase de ciencia quiere estimular el Estado. De cómo salga librada de este escándalo va a depender la política de ciencia y tecnología en el país y eso también nos debería importar tanto como la discriminación racial y la ética científica que aparecieron con este debate. Al final, Torres tiene el poder de decidir sobre esa pregunta y pronto sabremos si otras formas de producción de conocimiento basado en la ancestralidad (y ni qué decir de las ciencias sociales) caben en la agenda del Gobierno si no producen plata.

@sebvillasanta

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2020-01-17T00:00:29-05:00

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2020-01-17T11:02:38-05:00

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