Por: Eduardo Sarmiento

¿Quién responde por el empleo?

No es fácil entender la última minuta del Banco de la República, que clama que la economía evoluciona adecuadamente de acuerdo con su potencial. La información más reciente sobre el empleo muestra que la productividad del trabajo crece cerca del crecimiento del ingreso nacional. Si a esto se agrega que la oferta de trabajo evoluciona por encima del crecimiento de la población, se encuentra que los trabajadores están en capacidad de producir mucho más de lo que adquieren los consumidores y productores. ¿Cómo una economía que deja una parte creciente de la población desempleada puede estar operando de acuerdo con su potencial?

La aritmética es simple. Si el producto nacional crece 2,7 % y el producto por trabajador crece 2,5 %, no queda margen para el empleo. La ocupación crece 0,2 % y la desocupación aumenta 1,3 puntos porcentuales con respecto al año anterior.

Se está fallando en el análisis económico más elemental. En varias oportunidades hemos mostrado que los componentes centrales de la economía evolucionan dentro de un total desorden. Ahora resulta que la macroeconomía, la balanza de pagos y el empleo están fuera de control. La economía marcha a la deriva.

Los bancos centrales autónomos están inspirados en las concepciones clásicas de equilibrio, reforzadas por la Universidad de Chicago, que consideran que el dinero determina la inflación y no afecta la producción y la balanza de pagos. En este mundo, las economías están bien cuando la inflación es baja y mal cuando es alta. La realidad es totalmente distinta en un mundo de desempleo, que desde hace muchas décadas es la característica dominante de la economía colombiana. Las políticas monetarias contractivas inadecuadas mantienen el crecimiento por debajo de su potencial y disminuyen el crecimiento del empleo, y se ven acentuadas por el desbalance del sector externo, que acentúa la contracción monetaria, y por el predominio de la minería.

Los tres aspectos están claramente relacionados y son la confluencia de serias deficiencias en el manejo macroeconómico, la política comercial y la composición sectorial. El Banco de la República mantiene el producto nacional por debajo del gasto, la estructura del comercio internacional está conformada por bienes de baja demanda externa y la composición sectorial es dominada por el alto requerimiento de capital y la baja generación de empleo de la minería.

La verdad es que la economía colombiana opera dentro de un contexto muy diferente a las doctrinas de la Escuela de Chicago, que aparece como dogma en los libros más vendidos. En la actualidad, la economía tiene similitudes con las observadas en la crisis de 1999. En ese entonces, por errores y desaciertos de la Junta del Banco de la República y de la apertura comercial, la economía experimentó la recesión más severa de la historia registrada del país, déficit en cuenta corriente de 6 % del PIB y desempleo de más de 20 %.

El país ha operado durante varios años con el modelo de autonomía del banco central, libre comercio y predominio de la minería. En las condiciones internas y externas actuales, el modelo conduce a tasas de crecimiento menores en 2 % al potencial, déficit insostenible de balanza de pagos y desempleo creciente que conduce a serios desajustes sociales y deterioro de la distribución del ingreso. Al panorama actual se agregará el aumento de la participación del capital en el producto y el deterioro del coeficiente de Gini. La solución es un nuevo modelo basado en la coordinación fiscal, monetaria y cambiaria del Banco de la República, políticas comerciales en favor de actividades de mayor complejidad y sustitución de la minería por la industria.

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2019-05-05T00:00:18-05:00

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