Por: Felipe Jánica

A quiénes pretendemos engañar

A propósito de las necesidades de los Estados es perentorio que existan propuestas de largo plazo. Si pareciera un asunto consensuado, entonces ¿por qué no existen tales propuestas? ¿Quién podrá salvarnos? Son quizá algunas de las preguntas que debieran ser contestas por parte de los candidatos presidenciales. Más allá de ello es responsabilidad de los ciudadanos el no dejarse engañar con propuestas poco creíbles.

Parecieran obvias las problemáticas de los Estados en vía de desarrollo. Si esto es así, habría que buscar las causas raíces de las mismas y luego buscar soluciones. Conocer las causas raíces y las propuestas en pro de soluciones de fondo es parte de la tarea de los líderes de Estado. Así las cosas el clamor es por estos líderes en los que claramente debe haber equilibrio de poderes.

En el caso latinoamericano existen muchos asuntos que afectan el desarrollo económico. Estos asuntos parten desde una ausencia de infraestructura en la que no es sólo de obras sino de formación de talentos. Lograr que se equilibre la producción industrial y que ésta se acompañe con un desarrollo de talentos es quizá una de las tareas prioritarias de los estados. Para lograrlo es necesario que se inicie la discusión en pro de reformas estructurales.

En estas reformas estructurales se deben establecer prioridades en materia de industrialización, competitividad, productividad, informalidad económica. En materia industrial deben crearse mecanismos innovadores para financiar el aparato productivo y que se fomente la inversión en esta materia (tanto local como extranjera). Por ejemplo, la agilidad en la reglamentación de leyes que incentiven la innovación y el emprendimiento perdurable debería ser una prioridad. 

Lograr iniciar una discusión multidisciplinaria es el primer paso. Conformar un grupo de notables - Ad-hoc- es una de las iniciativas rápidas que deberían estar pensando los líderes de estado. Este grupo y por su naturaleza (Ad-hoc y Ad-honorem) debe trabajar hombro con hombro con los líderes actuales en la consecución de ideas de cara a las reformas estructurales que claman nuestros estados latinoamericanos. Con esto no sólo se garantiza la participación ciudadana sino que se hace veeduría in situ de las iniciativas en pro de un desarrollo económico.

Evitar los mensajes dañinos y engañosos es entonces la tarea de los ciudadanos. Dejar de alimentar los comentarios pegajosos en torno de las propuestas populistas es quizá una de las principales tareas de los ciudadanos de a pie. Es mejor discutir soluciones de fondo que hacerlo en pro de mensajes ilógicos y poco creíbles pero que sí confunden y generan esperanzas utópicas. Las discusiones en torno de la corrupción, por ejemplo, son una cortina de humo que no genera sino malestar entre los ciudadanos. Cómo combatirla es quizá una de las propuestas que deberían estar embebidas en las propuestas de reformas estructurales de estado en donde el principal argumento sería la educación.

Enfocarse en las propuestas de largo plazo debe ser la tarea de los candidatos, más allá de seguir con la argucia destructiva. Así las cosas, la tarea de los candidatos, de los líderes actuales y de los ciudadanos debe estar centrada más bien en la construcción de reformas estructurales en donde no exista sesgo ni conveniencia de los involucrados. Es perentorio entonces empezar a trabajar en la construcción de propuestas y que éstas sean participativas con profesionales ejemplares, académicos y empresarios dignos.

 

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