Por: Columnista invitado

Quiénes son los muertos

Por: Alberto López de Mesa

¿Sabes quienes son los líderes sociales?

Son héroes anónimos que se dan espontáneos en parajes recónditos a donde el Estado nunca se asoma. Un líder social es un campesino que un día sembraba coca y hoy protesta porque nadie le compra sus yuquitas, una maestra de escuela rural que reclama al menos un tablero para sus clases, un cabildo indígena que clama respeto por sus tradiciones y por el territorio de su gente, un joven desmovilizado de la guerrilla que ahora inerme se reintegra a las dinámicas sociales de su vereda, un bachiller que entiende y acusa las corruptelas en la administración municipal, los mayores que sabiamente avisan los peligros del maltrato que le dan los foráneos a los ríos, ellos y otros tantos que por atreverse a exponer su criterio sobre la realidad que se vive en sus regiones, son el blanco al que apuntan las armas de los otros, los irracionales, los prestados a una codicia ajena, a un interés oscuro y mezquino, que mata sin preguntar, sin cuestionarse, porque su cerebro ya no está para entender sino para proceder.

Esos líderes sociales son capullos de pensamiento, florescencias de conciencia donde escasea el raciocinio y por ello son asesinados impunemente, este año ya van 60 homicidios registrados oficialmente. En Nariño, Cauca, Chocó, Córdoba, Urabá, Cesar, Caquetá, Putumayo, todas las semanas mueren personas que ejercen algún liderazgo ético, es decir que los que mueren son los que piensan, los capaces de construir desde el diálogo, desde la palabra,

Pero ya muertos ¿quiénes quedan?

¿Con quiénes se cuenta para una participación idónea en la construcción del desarrollo de las regiones?

Otra vez se imponen en las regiones rurales los belicosos secuaces de diversas ambiciones, los del narcotráfico, los secuaces de nacionales y extranjeros que buscan apropiarse de los recursos del subsuelo o del agua o de los bosques o de la tierra misma.

Sin duda los hábitos cocaleros y las nuevas políticas de erradicación y sustitución de cultivos son una causa importante de esta nueva guerra subrepticia, pero también hay una re-acomodación de poderes sobre los baldíos que dejó las Farc. También hay multinacionales con rotundos intereses en apropiarse o explotar muy barato las riquezas naturales y marginadas del país.

Muchas fuerzas maliciosas y oscuras participan tras bambalinas de las muertes de los líderes sociales. Entre tanto, el Estado sigue enajenado en su cómodo centralismo.

 

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