Quino y Mafalda: pensamiento crítico con ternura

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Mafalda, la niña de moño en la cabeza, boca grande, legítima representante de la clase media argentina nació en Buenos Aires en 1964 y llegó muy lejos. Ella siempre decía lo que pensaba, interpretó las relaciones humanas, indagó sobre la lucha de clases, capitalismo, economía y soñó con un mundo mejor.

Sin temor, Mafalda opinaba sobre política, psicoanálisis y feminismo. Como la mayoría de las niñas también se enojaba con su mamá. Amaba los Beatles y odiaba la sopa, símbolo de todo lo que no le gustaba: las armas, la guerra y el egoísmo.

Esa niña crítica y temperamental, en su primera aparición, aún no tenía idea de donde iba a llegar. Había sido creada para promocionar la venta de electrodomésticos, pero rápidamente pasó a las publicaciones de la Revista Primera Plana y Siete Días Ilustrados.

Rebelde y contestaria quería cambiar el mundo, desde que nació tenía espíritu vanguardista, estaba adelantada en su tiempo y espacio. Su mensaje llegó a diferentes culturas y generaciones. Mafalda vino para quedarse.

Su creador, Quino, nació en julio de 1932 en Mendoza. Hijo de españoles republicanos, abuela comunista y abuelo laico, creció en una familia politizada. A los 18 años se trasladó a Buenos Aires. Un poco antes del golpe militar de 1976, se fue a Italia. Solo retornó a su natal Mendoza en 2017, cuando su esposa falleció.

Quino dibujó y le dio voz a Mafalda de 1964 a 1973. 1928 caricaturas fueron publicadas en más de 35 idiomas. Las últimas traducciones de Mafalda fueron a los idiomas hebreo, guaraní y armenio, lo que denota el carácter universal de su mensaje. La inmortalidad de Mafalda se refleja en todo lo que ha dicho. Se tiene la sensación de que fue hoy.

Durante su carrera recibió reconocimientos importantes como la Orden Oficial de la Legión de Honor, el más importante que el gobierno francés concede a un extranjero. En 2014 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en España e inauguró la 40° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Quino murió el 30 de septiembre, con 88 años. Un día después de que Mafalda cumpliera 56 años. Como bien expresó Daniel Divinsky, el creador de la editorial que dio a conocer a Mafalda, “toda la gente buena en el país y en el mundo, lo llorará”.

Muchos se preguntan sí Mafalda subsistirá sin la presencia protectora de su creador. Seguro que sí, con su fuerza y valentía seguirá replicando el legado de Quino a cuantos pueblos le permitan. Y con certeza, convocará a los países, gobernantes y líderes a pensar y repensar el mundo como defensora de la libertad y la justicia.

Entre las muchas frases emblemáticas de Mafalda, algunas se destacan:

Papá, ¿podrías explicarme por qué funciona tan mal la humanidad?"

“Ya que es tanto lío cambiar las estructuras… ¿no se podrá por lo menos darles una pintadita? ¿o ni eso?”

"Al final, ¿cómo es el asunto? ¿uno va llevando su vida adelante, o la vida se lo lleva por delante a uno?

“¡Resulta que si uno no se apura a cambiar el mundo, después es el mundo el que lo cambia a uno!”; “como siempre, lo urgente no deja tiempo para lo importante”; y “ya que amarnos los unos a los otros no resulta, ¿por qué no probamos amarlos los otros a los unos?”

En una entrevista concedida al periódico Pagina 12, Quino resumió lo que pensaba sobre su trabajo: “De la relación entre los débiles y los poderosos. Eso siempre me ha obsesionado. Esa sensación de impotencia que tienen los pobres frente a los ricos, de los mandados frente a los amos”.

Almas como las de Mafalda y su creador son luz que no se apaga.

¡Larga vida a Quino y a Mafalda¡

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