Por: Antonio Casale

Quisiera

Alejado del circo futbolero del fin de semana, me he tomado unos días alejado de la ciudad para la reflexión a sabiendas de que cuando vuelva todo estará igual, porque entre más conozco el fútbol de cerca más me gustaba de lejos, cuando pensaba que el balompié era sólo la representación de la vida misma en un juego, donde si mantienes el equilibrio podrás salir airoso, me estrellé porque sí, así es la vida, pero además con todos sus engaños, intereses e injusticias. Quisiera al volver tener la varita mágica para aportar desde mi tribuna de periodista que no se las sabe todas, ideas para solucionar al menos algunos problemas a saber.

Quisiera tener la solución real para el ya veinte añero problema de Millonarios, porque es muy fácil pedir la salida de quienes se van a ir sólo cuando a ellos se les dé la gana, lo difícil es aportar ideas que permitan que la llama de la ilusión no se acabe porque cada día se parece mas este caso al de Racing de Avellaneda, por ahora la hinchada, su mayor fortín, sigue ahí, soñando con la gloria perdida y pidiendo la salida de los dueños de turno quienes por supuesto tienen el tiempo agotado pero tienen la obligación de poner el club en buenas manos para demostrar que sí les importa el club. Esta es la única forma en que la historia podrá absolverlos de toda culpa.

También quisiera que los jugadores jóvenes no fueran tratados como mercancía, como vacas de engorde que al menor atisbo de calidad son transferidos al exterior por cuantiosas sumas enriqueciendo a sus dueños mientras ellos sueñan con el futuro ideal para su familia, sólo algunos logran la gloria, otros enloquecen en el mundo metalizado en el que vivimos porque en la cabeza y en el corazón, nadie les pone nada.

Quisiera que vestir la camiseta de la selección de Colombia en cualquier categoría fuera visto siempre como si estuviéramos en una guerra pero en paz, sólo los ejércitos convencidos de su causa logran objetivos importantes pero los jugadores gracias a su formación, sólo se ocupan por su bienestar individual, muy pocos piensan en lo colectivo.

Quisiera tantas cosas para el fútbol, pero es como cuando uno se va de la casa convencido de que para triunfar en la vida basta con ser bueno y ético, no señores, el fútbol como la vida está lleno de malos disfrazados de buenos, de buenos disfrazados de malos, de malos muy malos y pocos buenos buenos, en ellos está la esperanza.

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