Racismo y tecnología

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Rara vez se habla de racismo y tecnología en la misma frase. Como si se tratase de esferas separadas. Como si hablar de raza invocase inmediatamente, de un lado, una suerte de pasado iletrado e imágenes de oscuridad e impureza. Y del otro, al contrario, como si hablar de tecnología implicase de suyo transparencia, el futuro y las batas blancas de los científicos. Dicha oposición es falsa, pero se requiere un mínimo ejercicio intelectual para evitar que la apariencia se imponga.

Parte del problema con la comunicación política actual es que rara vez existe la oportunidad para que ese mínimo ejercicio intelectual tenga lugar. Podría ser un problema menor si no fuese por el hecho de que se ha trasladado ya al campo de la movilización política. Como sugerí en mi columna anterior, lo veremos reflejado de manera espectacular en el curso probable de las elecciones de noviembre próximo en los EE. UU.

De hecho, apenas horas después de publicarla los medios internacionales informaban de la propuesta de Trump para posponer las elecciones e intentar deferir el efecto negativo de las protestas de Black Lives Matter y la pandemia en su campaña. O bien, como lo creo, con el fin de preparar el terreno para alegar en noviembre que las tecnologías de voto a distancia son fraudulentas. No es coincidencia que dichas tecnologías tiendan a favorecer la participación de sectores de la población que Trump y el Partido Republicano preferirían excluir del proceso democrático: las gentes de color, negras y latinas.

Es una variación veintiunesca de los argumentos sobre eugenesia de los siglos pasados, de los que procede la ideología supremacista que comparten con las elites derechistas que gobiernan en Latinoamérica. En aquel entonces, José Vasconcelos observaba la persistencia del racismo en contra de liberales para quienes la categoría era ilegitima y la vulgata marxista que lo reducía todo a la clase. Entre los 1920s y 30s el terror racial en los EE. UU. era tan ubicuo como lo es ahora.

El sentimiento antiinmigrante estaba en alza y afectaba tanto a negros como latinos. Junto a las reformas de las leyes de inmigración de los treintas, latinos y en especial mejicanos fueron desplazados de manera forzosa mediante redadas, despidos y desempleo para abandonar el país así fuesen ciudadanos. En el sureste, al menos cientos de ellos fueron linchados y ellas violadas. Tales linchamientos resuenan con la masacre de El Paso ocurrida el año pasado.

Pero es en la intersección entre tecnología y política, en las políticas de voto, micro-reforma al sistema judicial, de vigilancia y de policía donde amenaza surgir una nueva eugenesia. La brecha digital es una brecha racial. Tiene razón entonces el Procurador Carrillo al usar las palabras algoritmo y prejuicios raciales en la misma frase.

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