Rafael Pardo y las Farc

Quienes notamos que el apoyo que tiene el presidente Uribe es directamente proporcional al rechazo que se tiene de las Farc dentro del inconsciente de cada colombiano, vemos que la salida no puede ser la de los polarizantes extremos de derecha e izquierda.

El pueblo colombiano, atormentado ante las prácticas engañosas de la combinación de todas las formas de lucha, como medio de reclamación ante las injusticias naturales o propias, les ha resistido. El presidente Uribe encarna a la fecha el adalid que enfrenta unas prácticas terroristas lideradas por las Farc, que ahora suman el apoyo de delincuentes comunes y narcotraficantes. Olvidan las Farc que, independientemente de quien asuma la Presidencia, el pueblo colombiano apoyará a su Presidente, a sus instituciones y a su Fuerza Pública.

De los precandidatos liberales, Rafael Pardo es el que tiene mayor experiencia, no sólo para conducir las riendas administrativas de la nación, sino para darle la estocada final a esta guerra. Uribe, con todo su impulso y sus bravatas, no ha entendido que a las pulgas, hormigas y avispas no se combate con elefantes. Podrán las Farc reelegir indefinidamente al presidente Uribe, pero los demócratas pacientemente aguardaremos con el doctor Rafael Pardo el momento cuando los ricos y los pobres se cansen de aportar aumentos crecientes en el gasto asignado a la defensa dentro del PIB y pidan a un gobernante derrote y someta verdadera y definitivamente a las Farc.

 Jorge Enrique Cubillos Caicedo. Acacías.

De la adopción gay

La pretensión de la comunidad homosexual de que sus parejas puedan obtener la adopción de niños no puede ser vista como un tema intrascendente, por aquello de que se trata de proteger niños expósitos por quienes podrían y quieren ser buenos padres. La cuestión es de más fondo. De una parte tenemos que la homosexualidad libra esta “lucha” como una más en su proceso de reconocimiento social, legítima por demás, en tanto busca que se tenga por aceptada una forma del comportamiento sexual, pese a lo cual todos sabemos que esta causa jamás terminará con el asentimiento social pleno de que la homosexualidad sea el comportamiento sexual adecuado del individuo en la sociedad. En otras palabras, el homosexualismo no se puede borrar con democracia, como tampoco la democracia sirve para que los ríos tengan un curso distinto al natural.

Lo vituperable en todo esto es que sean precisamente los niños abandonados, que dicho sea de paso requieren más atención del Estado, los que tengamos que exponer para ensayar un modelo liberal de sociedad. Hay en esto más perversidad que en cualquier comportamiento sexual exótico.

 Rafael Díaz Trujillo. Manizales.

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