Raíces del COVID-19 en China

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Referencia, digitar por Google: “The Chinese Regime Has Made China’s Woes Much Worse”, cuya autora es Alice Salles y traduce: “El régimen chino ha empeorado los males de China”. Gracias a esta referencia, he concluido que las raíces seculares del coronavirus se encuentran en la provincia de Hubei en el centro de la China, que su capital, Wuhan, es una ciudad sobrepoblada con 11 millones de habitantes, 1 de cada 10 de ellos carece de empleo. El gobierno comunista de China es igualmente culpable de la pandemia.

Wuhan tiene numerosas empresas subsidiadas por el Estado para la producción de vehículos y de acero, destartaladas estas últimas. La producción de vehículos y acero ocupa el mayor número de personas. Pero su gobierno no se ha preocupado por la emisión de gases tóxicos que producen estas empresas.

En una entrevista con Lawrence Broxmeyer, médico del Instituto de Investigaciones Médicas de Nueva York, explicó él que antes de la epidemia de coronavirus se contagiaron los residentes de Wuhan de una epidemia de tuberculosis acentuada por los inviernos entre 2004 y 2013.

Otro investigador chino, Xiaobing Yang, “atribuyó el contagio de la tuberculosis a que sus ciudadanos se encerraron apretujados durante los inviernos citados, no recibieron sol y en consecuencia presentaron una deficiencia de vitamina D. La polución del aire causada por el flujo de las empresas extranjeras se elevó en forma adicional por culpa de la tradicional incineración de residuos por sus ciudadanos, la que llegó hasta impedirles la visión periférica en 2012”.

“Advirtieron los investigadores en 2018 que la mortalidad creciente estaba ligada a la polución del aire y a la rápida proliferación de los gérmenes patógenos… Infortunadamente, a la economía china manejada en forma autoritaria por su gobierno no le importaron ni el aumento de la población, ni la carencia de alimentos que los ha obligado a comer todo lo que se mueva, ni los tóxicos de la incineración, ni los gases bombeados por las empresas al aire”.

“En julio de 2018, las 14 más grandes haciendas productoras de cerdos en Wuhan alcanzaron a sacrificar 1,5 millones de cerdos por año. La meta era subir hasta los 2 millones por año. China sola alberga más de la mitad de los cerdos del orbe. Pero en agosto de 2019, una epidemia conocida como la “fiebre africana de los cerdos”, que no tiene cura ni sobrevivientes, arrasó con el 40% de sus animales. Si un cuarto de los cerdos del mundo mueren durante un año, explica Broxmeyer, es probable que muchos de ellos hayan sido incinerados y, en consecuencia, resultaron ser los humanos altamente vulnerables a su pandemia”.

“Cuando el Gobierno chino vio sus fragilidades expuestas a lo largo y ancho por el COVID-19, o epidemia del coronavirus, se embarcó en la misión de inculpar a otros por sus fracasos. Y, entonces, un grupo de investigadores chinos señaló con su dedo a los Estados Unidos, argumentando que el individuo que vino a traerles el virus al mercado de alimentos de Wuhan fue quien convirtió esta ciudad en el epicentro de la crisis”.

Para la opinión mundial va siendo claro: “No hay duda de que el manejo del Partido Comunista, tanto de la economía como del sector de la salud, no solo creó las condiciones para la tormenta perfecta, sino que la tornó mucho peor”.

 

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