Por: José Manuel Restrepo

“Ralentización de la economía”

Y sucedió lo que anticipábamos debía suceder.

Luego de una cascada de revisiones del crecimiento del PIB de la economía colombiana, el Gobierno Nacional, en cabeza del propio presidente de la República, anunció que el PIB del año 2015 no crecerá a más del 4% (corrige así la reciente estimación del Minhacienda del 4,2%).

Ya lo habían hecho, y con mayor pesimismo a mediados de enero, el FMI y el Banco de la República, y algo similar podría extraerse de los estudios de analistas económicos, de la OCDE y del Banco Mundial. Lo que esto indica es que Colombia de momento crecerá en 2015 entre un 3,5 y 4%. En los mismos términos del Gobierno, ahora estamos pasando de ser la “Miss Universo en crecimiento económico” a de pronto una tercera o cuarta princesa.

Y las razones son igualmente evidentes. El país se esta viendo seriamente afectado por la caída en los precios internacionales del petróleo (que ya son menos de un 50% de hace unos meses) y su impacto se ha estimado entre 1,5 a 2 puntos porcentuales menos en la tasa de crecimiento del PIB. Lo anterior como resultado de que el petróleo representa un 50% de nuestras exportaciones y un 16% de los ingresos fiscales del país. Lo que nadie se ha anticipado a decir, y bien vale la pena hacerlo, es que el peor impacto puede ser en el año 2016, que cargará con un recaudo tributario que puede ser un 8% menos que en el año actual (algo así como el costo de una nueva reforma tributaria, que se sumaría a la de este año).

Un efecto adicional de lo anterior, que ya lo empezamos a ver en noviembre y diciembre, es el déficit en la balanza comercial del país, que genera una presión adicional sobre el peso y motiva escasez de la divisa y devaluación de la moneda. Sólo en noviembre (cuando aún el petróleo no llegaba a su mínimo de hoy) el déficit fue de US$1.285 millones, y entre enero y noviembre ya acumulaba US$4.807 millones de déficit. Este resultado, al presionar la tasa de cambio al alza, si bien puede beneficiar a algunos exportadores, en la magnitud que se proyecta, puede presionar seriamente la inflación y genera incertidumbre en los inversionistas internacionales que prefieren esperar a ver cómo se comporta la tasa de cambio antes de llegar y enfrentar una eventual devaluación muy alta.

En este escenario, es de la mayor importancia que la política pública-económica preste más cuidado a estrategias de corto y mediano plazo que nos permitan, en el primer caso, sostener la tasa de crecimiento, y en el segundo, preparar al país para lo que se viene en materia económica. Sin duda, debemos agilizar la ejecución de obras civiles (no sólo la contratación) y seguir animando las nuevas y exitosas políticas del Gobierno en materia de construcción (en los distintos estratos de la población). De igual manera, bien vale la pena explorar si llega el momento de pensar en una reducción de nuevo en la tasa de interés interbancaria y aprovechar la tasa de cambio para mover la industria. Atención especial merece la propuesta del BID de propiciar una política industrial, no de subsidios y proteccionismo (como en los 60), sino de apoyo real a la competitividad de las empresas que puedan realmente competir en el concierto internacional.

A pesar de lo anterior, podríamos ser más optimistas en el sentido que Colombia seguramente será la segunda economía de América Latina en crecimiento (luego de Perú) y superará los datos estimados de crecimiento de Brasil, Chile y México. Incluso podríamos crecer por encima del dato estimado de crecimiento de EE.UU. Lo que no nos puede pasar es que por este optimismo terminemos en el dicho: “En reino de ciegos, el tuerto es rey”. Es indispensable atender con prontitud las dificultades que se puedan presentar y anunciar ya las acciones en respuesta al “shock” del petróleo y convocar la comisión de reforma tributaria estructural que será indispensable en especial para el recaudo de 2016 y siguientes.

[email protected]

Buscar columnista