Por: Luis I. Sandoval M.

Razón y sin razón de Lucho Garzón

Lucho Garzón salió de su casa, el Polo Democrático cruzó la calle y se fue a golpear la puerta de la casa de enfrente, el Partido Liberal. Alguien diría lo primero no es tan cierto porque Lucho realmente no estaba habitando la casa del Polo, últimamente había estado más bien de visita.

Lucho fue a plantearle a César Gaviria, jefe del Partido Liberal, que la consulta presidencial de ese partido sea plural, o conjunta, con otras fuerzas políticas y que él estaría dispuesto a participar en ella.

La premisa es que la salvaguarda de la democracia exige atajar por todos los medios legítimos la segunda reelección de Álvaro Uribe. Y el medio no solo legítimo sino indispensable es una gran coalición que adelante una consulta con nombres originados en las distintas fuerzas y el compromiso de participar en la contienda presidencial con el nombre ganador.

La propuesta es impecable y obvia. Días antes habían hablado algo al respecto los dos Gaviria, Carlos del Polo y César del PL, el frente anti reelección, luego la idea no es tan original. Lo nuevo está en que Lucho lo haga no desde el que es su partido, así no habite en su casa, sino desde el partido vecino en el campo de la oposición. El paso de Lucho está en la lógica de la política que se ve hoy necesaria. O sea que plantear la coalición y la consulta plural de tal manera que resulte atractiva aún a los uribistas no reeleccionistas y no incursos en la parapolítica, es una estrategia que se veía venir y que Lucho ha puesto con audacia en términos de realidad. Acierto total e indisciplina total. ¡Qué paradoja¡ ¿Porqué ocurre esto? ¿Qué hay que hacer ahora?

En la respuesta al porqué caben varios elementos: desde el Polo, es evidente que el Partido y su Presidente se quedaron cortos, Carlos Gaviria visitó a César Gaviria sin convicción y sin tener una verdadera estrategia de apertura y de juego plural, es la característica que ha tenido la vida del Polo durante el ejercicio de su presidencia. El partido que puso la segunda votación presidencial con 2.6 millones de votos mientras dejaba rezagado al liberalismo con 1.5 millones, fue incapaz de tomar a tiempo la iniciativa que le correspondía. Los tiempos no están para quedarse cuidando la casa como se ha dicho, pero tampoco están para andar por ahí sin domicilio político conocido.

La inorganicidad de Lucho es proverbial, contribuyó enormemente a desacartonar la izquierda y sacarla de la marginalidad con varias fugas sucesivas hacia adelante, exitosas, pero a costa de un personalismo irreductible y, por tanto, de un riesgo grande de sacrificar un auténtico proyecto de izquierda democrática que, por supuesto, es algo mucho más complejo que hacer marketing político y ganar elecciones. El que toca la puerta de casa extraña como personaje puede terminar lavando los platos. Por su parte el Partido Liberal juega a recuperar gran parte del liberalismo indoctrinario que forma parte del uribismo y aún del furibismo de hoy.

¿Qué hacer? ¿Lapidar a Carlos Gaviria por su lentitud exasperante? ¿Lapidar a Lucho Garzón por su agilidad temeraria? Ni una cosa ni la otra. Quizá, se nos ocurre en la base, ponerle una pizca de responsabilidad a la política. Quizá, bajarle una pizca al personalismo. Quizá disponerse, sin prepotencia pero sí con generosidad y audacia, a construir la gran coalición con programa, con reglas claras para escoger el candidato y para elaborar unas listas de excepción al Senado, tanto del PDA como del PL, acogiendo la oportuna propuesta que hacen el Senador Parmenio Cuéllar y el Exgobernador Angelino Garzón. 21.07.08  

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