Por: Cartas de los lectores

Reacción a un artículo

El domingo 26 de junio de 2001 el prestigioso diario que ustedes dirigen publicó el artículo "La pelea de reinsertados por dineros. Amigos en las armas, enemigos en la paz".

Por la seriedad y responsabilidad del trabajo periodístico que caracteriza a El Espectador, es de suponer que las autoridades que dirigen este medio fueron asaltadas en su buena fe.

Como mi nombre, Alejandro Suárez, aparece mencionado “como uno de los quejosos” en una aberrante, vergonzosa y truculenta negociación de plata por puestos que involucra a Édgar Ruiz, quiero decir que el caso narrado es falso. Jamás Édgar Ruiz ha cometido la indelicadeza de ofrecerme dinero a cambio de desistir a un cargo directivo. Además, jamás he conversado con los señores Norbey Quevedo y Hugo García, autores del artículo en cuestión.

Desde 1996 que fundamos la Corporación Nuevo Arco Iris he sido junto a Édgar Ruiz, Antonio Sanguino, Antonio López, León Valencia, Fernando Aristizábal y una camada de socios fundadores, elementos claves en la vida y buena marcha de la única organización sobreviviente a los embates destructivos de quienes conciben las organizaciones sociales como un peligro y una fortaleza de la democracia.   

Si El Espectador desea entregar a sus lectores un trabajo periodístico serio me declaro en disposición  de aportar a ustedes los elementos de análisis, logros, realidades y dificultades que los procesos de paz han enfrentado, todo ello distante de novelones de mal gusto que desdicen la seriedad y grandeza del periodismo colombiano.

Alejandro Enrique Suárez Meza. Corozal. 

Nota de la redacción

En una carta firmada el 2 de junio de 2004, en la que reclama cuentas claras a los representantes de la Corporación Nuevo Arco Iris, Alejandro Suárez Meza dejó escrito: “En el congreso de la CRS, realizado en Bogotá en 1996, Édgar Ruiz —actual secretario privado de la Alcaldía Mayor de Bogotá— fue emisario de un mensaje en el que se me proponía recibir 30 millones de pesos a cambio de no aspirar al ejecutivo de la Corriente de Renovación Socialista y no ‘molestar’ por la no entrega de la Cámara, a mi nombre, por parte de Adolfo Bula. No niego que me sentí agredido y desilusionado, pues nunca, ni siquiera en los años de las luchas campesinas, ningún cavernario terrateniente me agredió en mi dignidad”.

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