Por: Gonzalo Silva Rivas

Realismo mágico

La tendencia mundial en materia de promoción turística se aleja del trillado camino de vender espacios geográficos y se enruta con éxito hacia la oferta de las vivencias. Es este valor añadido un componente fundamental para atraer la atención de los turistas y estimular su imaginación a través de las experiencias. Una ventaja comparativa que hoy en día fortalece la capacidad de los destinos para competir dentro del mercado.

Por esa línea se dirige el gobierno nacional con su nueva campaña promocional “Realismo Mágico”, que en una primera etapa, y con una inversión de $13 mil millones, lanzará en una docena de países americanos y europeos. El propósito es despertar el interés de los viajeros extranjeros en la colorida megadiversidad de la geografía y la cultura colombianas, la misma que por la cotidianidad puede dejar de asombrarnos a los nativos pero que tiende a resultar sorprendente y acaso reveladora para los visitantes que no han sido inoculados por la enfermedad de la costumbre.

Dentro del vecindario, países como Costa Rica, Ecuador o Chile se enfrascaron en la venta de experiencias turísticas, y los buenos resultados se han podido cuantificar con el crecimiento de sus divisas.

Colombia, gracias a la creación del Viceministerio de Turismo y el fortalecimiento de Proexport, desde los inicios de la era Uribe, empezó a mostrar su potencial turístico y se insertó en los mercados internacionales con evidente aceptación. Los pocos turistas que nos visitaron en las postrimerías el siglo pasado -y casi desaparecen durante la convulsionada década de los noventa- se multiplicaron en los últimos años, gracias a una suma de esfuerzos oficiales y privados, que le han permitido a la industria local exhibirse con una imagen renovada y atrayente.

El gobierno Santos mantiene arriadas las banderas y reorienta las estrategias en su idea de abrirle los cauces al postconflicto. Sepultó el country brand “Colombia es pasión” y su campaña turística “El riesgo es que te quieras quedar”, dirigidas por su antecesor a desmitificar la imagen negativa que durante mucho tiempo cargamos a cuestas. Las reemplazó por “La respuesta es Colombia” y su “Realismo mágico”, que dan cuenta de la nueva percepción que sobre el país se abre paso en el mundo, en virtud de los sobrados encantos y los significativos avances en materia de seguridad y estabilidad institucional.

Después del largo apocalipsis, cristalizar en Colombia afortunadas experiencias en turismo, orden público, desarrollo económico y social, inversión extranjera y equidad social, sería comprobar que el realismo mágico es más que un género literario o una campaña publicitaria.

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