Por: Cecilia Orozco Tascón

Reaparece la mano negra

Amedrenta, intimida, amenaza y, por último, mata al que no

Cada vez que un gobierno intenta adelantar un proceso de paz, la mano negra se manifiesta. comparta su ideología enfermiza. Entre sus objetivos “militares” (término que le fascina usar para descrédito de los hombres que visten, con honor, los uniformes del Estado), están los que tratan de finalizar el conflicto interno, pero también cualquiera que parezca comunista, es decir, todos fuera de su grupo. No es chiste. En pleno siglo XXI existen los alucinados que ven los fantasmas de la extinta Unión Soviética y de China como seres que vienen a invadirnos, no importa que esos países sean hoy los mayores generadores de negocios del gran capital. Aquí el tiempo no ha transcurrido para los obsesos que leen su realidad con los códigos de comienzos de la centuria pasada, de mediados de la misma o de la época de Belisario Betancur, cuando éste llegó a acuerdos con las guerrillas pese a la oposición de quienes terminaron ejecutando el genocidio de la Unión Patriótica. O, más recientemente, en la presidencia de Andrés Pastrana con su proceso del Caguán, momento en el cual —en simultánea con la ceguera política y militar de las Farc— crecieron y se multiplicaron los paramilitares, brazo armado abierto de la mano negra.

Presuntamente la banda de los Rastrojos es la autora de un comunicado en que se declara “objetivos militares” —vuelve y juega el terminacho— a los integrantes del Polo, de Marcha Patriótica, de los sindicatos y de organizaciones civiles. “Regresaremos a las actuaciones del pasado sin piedad ni temor alguno, nuestras investigaciones (sic) nos permiten dar por última vez este ultimátum a los cómplices de la guerrilla del pasado y del presente” es la frase reina del mensaje que descubre lo dicho: son los de antes. Reveladora es, igualmente, la afirmación en la que se les “exige” a esos partidos “dejar de lado el lavado de cerebro subversivo en favor de los narcoterroristas... con el supuesto pregonar de defender los derechos laborales de la clase trabajadora” y suspender “el levantamiento de cualquier actividad de alteración del orden social como paros o manifestaciones”. Mencionan por su nombre a varios dirigentes del Polo, entre otros al senador Robledo, a quien, para desgracia del presidente Santos, éste y su ministro del Interior acaban de vincular con la violencia que se presentó en los paros. Ahora el Estado deberá protegerlo más que nunca, no sea que después le achaquen culpas.

Pero hay tiros que salen por la culata. Anda circulando por internet el texto de un desquiciado que no merecería la atención de nadie, pero que resulta tan oprobioso, injurioso y calumnioso que debería ser investigado penalmente. Allí se acusa al propio jefe de Estado, al que califica de “camarada”, de ser, atérrense, ¡“militante castrocomunista...” que responde al “alias de Santiago” y quien fue preparado como agente de la causa cubana en “sus clases de comunismo avanzado por el padre Francis en el Colegio San Carlos”! De ahí para adelante, lo que les cuente es poco: García Márquez, Luis Carlos Galán, Enrique Santos, Orlando Fals Borda, Daniel Samper, su hermano Ernesto, Antonio Caballero, muchos más, y hasta el pobre embajador Germán Cardona, fueron señalados de ser “agentes del comunismo internacional”. Hay tanta porquería en ese escrito que, la verdad, dan ganas de bañarse con agua purificadora después de leerlo. Si la firma que aparece al final coincide con la persona que así se llama, algunos hombres públicos tendrán la obligación de manifestar su desacuerdo con ese individuo. Álvaro Uribe y el exministro Fernando Londoño, nombrados allí, en contraste, con tanto respeto, tienen que rechazar las expresiones del orate. Es su deber de ciudadanos.

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