Por: Gonzalo Silva Rivas

Rebelión de las faldas

De un tiempo para acá el liderazgo del turismo a nivel mundial lo vienen asumiendo las mujeres.

 Buena parte de ellas participan en la cadena productiva en sus diferentes segmentos y actividades y con gran rapidez se involucran en las principales esferas de la industria ocupando los altos cargos de mando y dirección, que antes parecían estar escriturados a los hombres.

El caso colombiano resulta particularmente interesante. La presencia femenina en el sector se proyecta muy por encima de la media de la región, calculada en un 52%, y su injerencia en la toma de decisiones tiene una proporcionalidad directa. El turismo no solo emplea más mujeres que otras ramas de la economía sino que las incorpora al ámbito directivo con naturalidad y sin mayores discriminaciones.

Son numerosas las empresarias que orientan las salas de juntas y asumen la dirección de compañías aéreas, hoteles, hostales, agencias de viajes, restaurantes, oficinas de turismo e infinidad de entidades del sector. En la cúpula está la propia viceministra de Turismo, Sandra Howard. Los mayores gremios, Cotelco y Anato, llevan su vocería. Y talentosas ejecutivas se encargan de mover las riendas en el Fontur, los hoteles de Bogotá, la Corporación de Turismo de Cartagena, Artesanías de Colombia, Marca País, Parques Naturales y la Cámara de Comercio capitalina.

Alexandra Torres es la directora ejecutiva del Bogotá Convention Bureau y acaba de ser designada presidenta del capítulo latinoamericano de la Asociación Internacional de Congresos y Convenciones, ICCA, una reconocida agremiación con más de un millar de empresas especializadas en la organización de grandes eventos mundiales.

Son todas mujeres con visibles resultados de gestión que se mueven con soltura productiva en el escenario turístico nacional. Su profesionalismo y capacidad de sacrificio han borrado las diferencias en el ámbito laboral y su presencia en posiciones de responsabilidad dejó de ser noticia para volverse cotidianidad. Hoy en día las escuelas de turismo tienen más chicas que varones, y la industria turística ¬–sector de servicios que requiere de especial manejo de relaciones públicas– se les convierte en un atractivo norte profesional, por lo que no extraña su considerable posicionamiento, con relevancia en los niveles medio y básico de la jerarquía empresarial.

Aunque aún falta camino por recorrer para lograr una presencia equilibrada que les permita alcanzar la suficiente representación en el mundo del poder, la velocidad del cambio es evidente en el sector. La cultura de la corbata, anclada a roles patriarcales, se coloniza con la rebelión de las faldas. El entorno femenino comienza a superar esa línea invisible que por siglos la sociedad les ha impuesto a las mujeres.


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