Por: José Roberto Acosta

Recalentados

Al tiempo que el Ministro de Hacienda se anticipa a decir que el crecimiento del primer trimestre de este año superará el 5% real, el Banco de la República llama la atención sobre el elevado nivel de endeudamiento de las familias colombianas y alto precio alcanzado por la finca raíz en todo el país, que si se considera en dólares, en varias ciudades se torna casi de burbuja especulativa.

Los anteriores síntomas empiezan a preocupar de que la euforia no sea sostenible y ello se refleja en el mercado accionario que solo muestra perdidas en lo corrido del año, como anticipando problemas a futuro como deterioro en la cartera del sistema financiero, no solo por la debilidad del ingreso familiar afectado por el amplio desempleo sino también por la amenaza de un proceso de desindustrialización derivado de la fuerte revaluación del peso que ya rompió debajo de los $ 1.800 por dólar.

La temida enfermedad holandesa para mucho es solo un mito urbano, pero para quienes la hemos sufrido a principios de los años ochenta y a finales del siglo pasado, constituye una espada de Democles que amenaza por convertir la fiesta oficial en un guayabo eterno.

El invierno empieza a golpear con mayor inclemencia las vías terrestres y el suministro de alimentos que, aunque mostraron tranquilidad en sus precios en el primer trimestre de este año, sospecho que empezarán a presionar al alza el guarismo inflacionario y que sumado e un precio de petróleo que ya lleva demasiado tiempo sobre los cien dólares, anticipan un segundo semestre de encarecimiento.

Qué pena ser tan lúgubre, pero es el mismo Gobierno quien se anticipa a los problemas y busca con desesperación la mejora de calificación de las dos firmas que faltan, después del grado de inversión dado por S&P y que puede ampliar la financiación a futuro.

Es el mismo Gobierno el que se ufana de los chorros de dólares que profundizan la perjudicial caída del dólar, con el subsiguiente tsunami destructor de empleo formal. Es el mismo Gobierno el que anuncia una nueva reforma tributaria para mantener la fiesta artificialmente, sin dar ejemplo de austeridad para las inevitables épocas de vacas flacas que se ciernen en el mediano plazo sobre Colombia.

 

 

 

 

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