Por: Eduardo Sarmiento

Recesión mundial

La crisis global es la consecuencia del modelo económico que se impuso en el mundo.

 El lunes 17 de agosto presentaré en la Feria del Libro de Bogotá la obra que lleva el título de la columna. En este trabajo se recogen las construcciones teóricas y las evidencias de obras anteriores y se elaboran nuevas ideas para interpretar las causas, la evolución y los efectos de la crisis mundial, y verificar una vez más el incumplimiento de los paradigmas neoclásicos.

La crisis es la consecuencia del modelo económico que se impuso a lo largo y ancho del planeta. Sus pilares centrales giran en torno a la austeridad fiscal y monetaria y la desregulación financiera y en el motor de crecimiento del libre comercio y el avance tecnológico. El incumplimiento de los principios de libre mercado deformó los comportamientos y los resultados.

En los países desarrollados adquirió la forma de elevados salarios y consumos sustentados en déficits crecientes de la balanza de pagos, en tanto que en los países emergentes se erigió en políticas monetarias, fiscales y cambiarias contractivas para bajar los salarios, elevar el ahorro y aumentar las exportaciones.

Los dos desbalances confluyeron en un orden económico mundial en el cual los países emergentes envían los ahorros para ser colocados en la valorización de activos en Estados Unidos. Como los precios de los activos y las exportaciones no podían crecer indefinidamente, el sistema es estructuralmente inestable y tenía que venirse abajo en algún momento.

El error de las autoridades económicas estadounidenses residió en interpretar una crisis global ocasionada por el derrumbe del orden económico internacional como una crisis financiera de liquidez y solvencia.

Las acciones se orientaron primordialmente a ampliar la liquidez en forma indiscriminada o dirigida, pero ésta no entró en la economía, porque el desbalance entre el ahorro y la inversión impidió que el público recibiera el crédito.

La política fiscal resultó insuficiente: del déficit del 13% del PIB previsto para 2009, apenas 1,5% se reflejó en gastos efectivos, y en 2010 ocurrirá algo similar.

Por lo demás, la persistencia en la política monetaria, cuando la tasa de interés llegó a cero, revivió las burbujas, frenó la entrada de capitales que venían de los países emergentes y contribuyó a trasladar la crisis al resto del mundo en la forma de cierre de los mercados internacionales de intercambio de bienes.

El modelo único tuvo manifestaciones similares en Asia en 1997, Colombia y Argentina en 1999 y 2002, y Japón en la década del noventa. Todos estos casos presagiaban la iniciación del colapso de la arquitectura inaugurada en Estados Unidos e Inglaterra en 1982 con las administraciones Reagan y Thatcher y en América Latina, con el Consenso de Washington, a finales de la década del ochenta y comienzos de la del noventa.

En este momento, los principales factores de propagación de la recesión mundial son el aumento de ahorro en Estados Unidos y la caída generalizada de las exportaciones. Mientras persistan esas condiciones, las fuerzas contractivas se mantendrán y las políticas convencionales resultarán ineficaces o insuficientes.

La economía mundial, y en particular la estadounidense, avanzará por debajo de la tendencia histórica y elevado desempleo.

La crisis no se origina en comportamientos y fenómenos de la naturaleza incomprensibles o incontrolables; se encuentra en doctrinas que han sido controvertidas por la evidencia y perduraron durante 25 años. Su superación no es un problema de recursos y hombres ilustres, sino de ideas y pensadores.

La solución de fondo requiere de una acción coordinada de la comunidad internacional para devaluar el dólar, reducir el déficit en cuenta corriente, erradicar la especulación financiera y bajar los consumos en Estados Unidos, al igual que propiciar en los países emergentes la aplicación de políticas industriales comerciales y salariales para ampliar sus mercados internos y elevar los consumos.

En términos generales, es indispensable avanzar en un nuevo modelo económico mundial que, como es apenas natural, debe variar con las especificidades de los países.

En el caso de los países emergentes, como Colombia, se plantea una organización macroeconómica fundamentada en varios instrumentos y diversos objetivos y una severa regulación y seguimiento del sector financiero; el motor de crecimiento fundamentado en el aprendizaje en el oficio y orientado a diversificar la producción y ampliar el mercado el interno; y la política publica guiada por la equidad y administrada por el Estado.

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