Por: Thomas L. Friedman

¿Reclamando Irak?

HABIENDO REGRESADO DE EGIPTO en fecha reciente, tengo al Canal de Suez en la mente. Y luego de verlo desde El Cairo, me vino el pensamiento que, quizá, los iraquíes acaban de cruzar el Canal de Suez. Si efectivamente es así, es una buena noticia.

¿De qué estoy hablando? No hay forma de que el presidente egipcio Anwar Sadat pudiera haber hecho la paz con Israel de no haber lanzado, primero, su rapidísimo ataque al otro lado del Canal de Suez en el Yom Kippur de 1973. “El cruce”, como se llegó a conocer el ataque sorpresivo en el folclor egipcio, tuvo importancia psicológica justamente como la tuvo militarmente.

Borró la humillante derrota de Egipto en la guerra de 1967 y les dio a los egipcios la dignidad y autoconfianza para hacer la paz con Israel como iguales en términos militares. Si bien la realidad militar era más compleja, los egipcios, sin embargo, sintieron que ellos habían liberado el Sinaí por sí solos.

Después de la invasión de Estados Unidos, uno de los primeros aspectos que noté en mi visita a Irak fue que el hecho mismo en cuanto a que los iraquíes no se liberaron a sí mismos, sino que tuvieron que ser liberados por los estadounidenses, era una fuente de humillación para ellos. Es una de las razones por las cuales ellos nunca lanzaron flores. Cuando alguien más tiene que liberarte en tu propio hogar, eso es toda una humillación; una humillación, creo, es la fuerza que, por sí sola, ha sido la más subestimada en las relaciones internacionales, particularmente en Oriente Medio.

Eso también ayuda a explicar porqué los iraquíes, en las primeras etapas, nunca se hicieron dueños de sus instituciones gobernantes, como la Coalición de la Autoridad Provisional, conocida como CPA. Ellos nunca pelearon por ella. Les fue dada. La gente tiene que pelear y ganar su propia libertad, y eso es lo que les confiere legitimidad a sus instituciones.

Lo que, al parecer, ocurrió en Irak en los últimos meses es que la corriente que predomina en Irak, finalmente, ya hizo algo liberador por sí misma. Con la ayuda del repunte de tropas estadounidenses ordenado por el presidente Bush, las principales tribus sunitas se han liberado del control de la red Al Qaeda en sus provincias. Además, la corriente popular de chiítas –representada por el Primer Ministro Nouri al-Maliki y el ejército iraquí– liberaron Basora, Amara y Ciudad Sadr, en Bagdad, tanto de milicianos del Ejército Mahdi como de escuadrones de la muerte proiraníes.

Quizá algún día reflexionaremos con respecto a esto como la verdadera guerra de liberación de Irak. La que encabezamos cinco años antes, pues, no contó.

Y debido a que los iraquíes actualmente tienen una narrativa propia de su liberación, todo parece indicar que eso le está dando mayor legitimidad y confianza en sí mismo al ejército iraquí, dominado por chiítas, y al régimen de Maliki. De manera similar, al parecer eso ha envalentonado a los sunitas para salir a participar en las próximas elecciones parlamentarias, luego de haber boicoteado en gran medida la última ronda electoral. Los kurdos, por su parte, ya se liberaron a sí mismos y ya contaban con esa confianza propia.

Ayudó el hecho de que tanto Al Qaeda como Irán fueron demasiado lejos. Yo siempre he creído que existe solamente un aspecto positivo de los extremistas: no saben cuándo parar. Al Qaeda en Irak participó en violentas matanzas en contra de cualquier sunita que se le opusiera, cortando cabezas, imponiendo matrimonios, destruyendo por completo a líderes tribales y masacrando a musulmanes chiitas por cientos.

 Al mismo tiempo, extremistas chiítas a favor de Irán intentaron imponerle un orden similar al del talibán en Basora y en Bagdad –desde mascadas hasta prohibiciones sobre la venta de alcohol– a lo que aún es una mayoría chiíta mayormente orientada a la vida seglar.

Con el tiempo, hay indicaciones de que esta opresión de musulmán sobre musulmán desató una ira del tipo de “ya no vamos a tolerar esto”, lo cual impulsó tanto a las corrientes predominantes de sunitas como de chiítas a liberarse de sus propios extremistas y, al hacerlo, reclamar efectivamente su propio país.

Lo que fue extraño, con todo, es que la persona que vio con mayor claridad la llegada de esta repercusión y advirtió cómo podría repercutir sobre Al Qaeda fue Ayman al-Zawahiri, el secuaz de Osama bin Laden. ¿Recuerdan la famosa carta, fechada el 9 de julio de 2005, que Zawahiri le envió al líder de Al Qaeda en Irak, Abu Musab al-Zarqawi? Zawahiri le advertía a Zarqawi que detuviera los asesinatos de tantos chiítas, e incluso sunitas, con su campaña de atentados suicidas y secuestros.

“Muchos de sus admiradores musulmanes entre los hombres comunes se están preguntando la razón de sus ataques en contra del chiísmo”, decía Zawahiri en su misiva. “La agudeza de este cuestionamiento aumenta cuando los ataques son en contra de una de sus mezquitas ... Mi opinión es que esta cuestión no será aceptable para el pueblo musulmán, sin consideración a cuánto haya usted intentado explicarlo, y la aversión a esto persistirá... asimismo, entre los aspectos que los sentimientos de los habitantes musulmanes que lo aman y lo apoyan nunca encontrarán aceptables, están las escenas en las cuales se mata violentamente a los rehenes”.

Zarqawi no siguió el consejo.

Pero, estén prevenidos: Estas guerras paralelas de “autoliberación” aún no equivalen a un solo movimiento de unidad nacional. La guerra civil aún podría estar en el futuro de Irak. No todos los sunitas y chiítas han tenido sus “cruces”. Aún le falta mucho a Irak para estar en buenas condiciones. Y ahora que las comunidades chiíta y sunita de Irak están asumiendo mayor responsabilidad por su propio país, también vamos a ver una intensa lucha de poder por quién domina dentro de cada comunidad. Con la acumulación de dólares del petróleo, hay mucho más por lo cual pelear.

Pero, si tenemos buena suerte, esta lucha se agotará principalmente en la esfera política. ¿Y si no tenemos buena suerte? Bien, sencillamente esperemos que tengamos buena suerte.

* Ganador de su tercer Premio Pulitzer a comentarios editoriales en 2002 por sus columnas en ‘The New York Times’.

c. 2008 - ‘The New York Times News Service’.

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